Orden Carmelitano
Lectio:
Viernes, 1 Junio, 2012
Oración
Señor, Padre misericordioso. Tú has elegido a algunos hijos tuyos para que anuncien tu amor en el mundo, y así haces posible que llegue a todos los pueblos el fruto sabroso de tu Presencia. Haz que nuestro fruto permanezca a través de nuestra comunión contigo y con tu Hijo Jesús; ayúdanos a acogerlo como al Amigo y Maestro que cada día entra en el templo santo de nuestra vida. Que él renueve cada día su alianza con nosotros por nuestra fe y nuestra oración, que rebosen de confiado abandono. Amén.
Lectura
Del Evangelio según San Marcos (11, 11-25)
11 Y entró en Jerusalén, en el Templo, y después de observar todo a su alrededor, siendo ya tarde, salió con los Doce para Betania.
12 Al día siguiente, saliendo ellos de Betania, sintió hambre.13 Y viendo de lejos una higuera con hojas, fue a ver si encontraba algo en ella; acercándose a ella, no encontró más que hojas; es que no era tiempo de higos.14 Entonces le dijo: "¡Que nunca jamás coma nadie fruto de ti!" Y sus discípulos oían
esto.
15 Llegan a Jerusalén; y entrando en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y a los que compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas
16 y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo.
15 Llegan a Jerusalén; y entrando en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y a los que compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas
16 y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo.
17 Y les enseñaba, diciéndoles: "¿No está escrito: “Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las gentes? “¡Pero vosotros la tenéis hecha una ”cueva de bandidos!".
18 Se enteraron de esto los sumos sacerdotes y los escribas y buscaban cómo podrían matarle; porque le tenían miedo, pues toda la gente estaba asombrada de su doctrina. 19 Y al atardecer, salía fuera de la ciudad.
20 Al pasar muy de mañana, vieron la higuera, que estaba seca hasta la raíz. 21 Pedro, recordándolo, le dice: "¡Rabí, mira!, la higuera que maldijiste está seca." 22 Jesús les respondió: "Tened fe en Dios. 23 Yo os aseguro que quien diga a este monte: "Quítate y arrójate al mar" y no vacile en su corazón sino que crea que va a suceder lo que dice, lo obtendrá. 24 Por eso os digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido y lo obtendréis. 25 Y cuando os pongáis de pie para orar, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre, que está en los cielos, os perdone vuestras ofensas."
20 Al pasar muy de mañana, vieron la higuera, que estaba seca hasta la raíz. 21 Pedro, recordándolo, le dice: "¡Rabí, mira!, la higuera que maldijiste está seca." 22 Jesús les respondió: "Tened fe en Dios. 23 Yo os aseguro que quien diga a este monte: "Quítate y arrójate al mar" y no vacile en su corazón sino que crea que va a suceder lo que dice, lo obtendrá. 24 Por eso os digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido y lo obtendréis. 25 Y cuando os pongáis de pie para orar, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre, que está en los cielos, os perdone vuestras ofensas."
Meditación
* “Jesús entró en Jerusalén, en el templo”. Una de las características de este pasaje es el continuo movimiento de de Jesús, expresado en la repetición alternativa de los verbos “entrar” y “salir” (vv. 11; 12; 15; 19). Realmente el Señor viene continuamente a nuestra vida, entra en nuestros espacios, en nuestra experiencia, pasa, anda entre nosotros y con nosotros, pero luego se va, se aleja, se deja buscar y esperar, y vuelve de nuevo y se deja encontrar. No desdeña entrar en la ciudad Santa, en el templo, ni tampoco dentro de nosotros, en nuestro corazón, ofreciéndonos su visita salvadora.
* “Sintió hambre”. El verbo usado por la pluma de Marcos es el mismo que usan Mateo y Lucas al narrar las tentaciones en el desierto (Mt 4, 2: Lc 4, 2), y pretende concretar una situación de debilidad, de fragilidad, de necesidad, de cansancio. Jesús busca algo más que un simple alimento para calmar su hambre; no es a la higuera a la que pide algo fuera de tiempo, sino que pide a su pueblo, a nosotros, el buen fruto del amor, que se sirve en la mesa de la alianza, del sí pronunciado con fe y con confianza.
* “una higuera con hojas”. La figura de la higuera, que en este pasaje ocupa un lugar central, es un símbolo muy fuerte del pueblo elegido, Israel; del templo y del culto ofrecido en él a Dios; e incluso de nosotros mismos, si así lo aceptamos, es decir, de la verdad más profunda que hay en nuestro corazón.
Las hojas de la higuera remiten claramente a la experiencia de Adán en el jardín del Edén, a su implicación con el pecado, a su desnudez y a su vergüenza posterior. En realidad, al pararse ante la higuera mientras iba de camino hacia Jerusalén y dirigir su mirada a las hojas que ocultan la falta de fruto, Jesús desvela nuestra verdad y deja al desnudo nuestro corazón, no para condenarlo, sino para salvarlo, para curarlo. De hecho, el fruto de la higuera es dulce; el Señor, para hablar a nuestra vida, busca la dulzura del amor. De esta manera, la higuera estéril, priva de fruto y de vida, hace presente el tiempo vacío de sentido y profanado, usado no para la relación con Dios, sino para la huída y para el no-encuentro. Como sucedió a Adán, así sucedió a Israel y tal vez lo mismo nos sucede también a nosotros.
* “los que vendían y compraban”. La escena de la purificación del templo (vv. 15-17), que Marcos introduce entre los dos momentos del relato, anticipando la maldición de la higuera sin fruto, es muy fuerte y viva. Ahora se nos invita a prestar atención a verbos y vocablos como “echar fuera”, “volcó”, “no permitía”, “vendían”, “compraban”, “cambistas”, “vendedores”, “bandidos”, transportar cosas”. Jesús inaugura una economía nueva en la que “hemos sido vendidos sin precio y rescatados sin dinero” (Is 52, 3), “hemos sido rescatados no por dinero ni por regalos” (Is 45, 13) y “hemos sido liberados no a precio de plata y oro, sino con la sangre preciosa de Cristo, el cordero sin defecto y sin mancha” (1 P 1, 18-19).
* “casa de oración”. Desde el templo somos conducidos a la casa, Morada de Dios, donde el verdadero sacrificio es la oración, es decir, el encuentro con Él cara a cara, como los hijos con su Padre. Aquí no se compra nada, no hay dinero, sino sólo el don del corazón que se abre con toda confianza a la oración y a la fe.
* “la higuera seca hasta la raíz”. Realmente estos son los nuevos temas que las palabras de Marcos quieren proponer a nuestra meditación mientras seguimos la lectura del pasaje. Es necesario salir del templo para entrar en la casa, es necesario salir de la compraventa para entrar en el don de la confianza: el árbol sin fruto está seco y parece estar a nuestro paso sólo para indicar el camino nuevo que hay que recorrer, en una nueva mañana (V, 20); un camino hacia Dios y hacia los hermanos.
* “tened fe sin vacilar”. Con esta hermosísima expresión Jesús nos enseña a descender a lo más profundo de nosotros mismos y a tantear nuestro corazón desde la verdad. El texto griego pone un verbo estupendo, que ha sido traducido como “vacilar” y que quiere expresar al respecto una ruptura interior, una división, un combate entre partes contrarias. De esta manera, Jesús nos invita a tener plena confianza en Él y en el Padre, a fin de evitar rompernos por dentro. Podemos acercarnos a Dios de manera plena y total, podemos estar en relación con Él, sin que sean necesarias hojas para enmascararnos, sin tener que contar monedas y calcular el precio a pagar, sin hacer compartimentos dentro de nosotros, sino ofreciéndonos totalmente a Él, tal como somos, los que somos, llevando en nosotros el fruto bueno y dulce del amor.
* “cuando os pongáis de pie para orar, perdonad”. No puede ser de otra manera: en la vida del cristiano, el término y el iniciar de nuevo el camino de la fe y de la oración se concretan en la relación con los hermanos y las hermanas, en el encuentro con ellos, en el diálogo, en el don recíproco. No existe oración, ni culto a Dios, ni templo santo, ni sacrificio agradable a Dios, no existe fruto ni dulzura, sin el amor hacia el hermano y la hermana. Marcos lo llama perdón, Jesús lo llama amor, que es el único fruto capaz de saciar nuestra hambre, de aliviar nuestro cansancio.
Algunas preguntas
* Al meditar este pasaje, he encontrado dos figuras muy fuertes: la higuera y el templo, ambos sin fruto, sin vida y sin amor. He visto a Jesús que con su venida y con su obrar firme y seguro ha cambiado esta situación y ofrece un nuevo rostro de la vida. ¿Reconozco que necesito dejarme alcanzar por el Señor, dejarme tocar por Él? ¿Me veo, en alguno de los aspectos de mi vida, como la higuera estéril, sin fruto, o como el templo, lugar frío de comercio y de cálculos? ¿Siento dentro de mí el deseo de producir el fruto dulce del amor, de la amistad, del compartir? ¿Tengo hambre de orar, de tener una verdadera relación con el Padre?
* Siguiendo a Jesús a lo largo del camino, también yo puedo entrar en la nueva mañana de su Ley, de su enseñanza. ¿Reconozco las rupturas que hay en mi corazón? ¿En qué siento especialmente que estoy dividido, inseguro y desorientado? ¿Por qué no consigo fiarme totalmente de mi Padre? ¿Por qué aún cojeo de los dos pies, como dice el profeta Elías (cfr. 1 R 18, 21)? ¡Yo sé que el Señor es Dios y por eso deseo seguirlo! Pero no yendo solo, sino abriendo el corazón a muchos hermanos y hermanas, ofreciéndome como amigo y compañero de viaje, para compartir la alegría y las fatigas, los miedos y el entusiasmo del camino; estoy seguro de que siguiendo al Señor seré feliz. Amén.
Oración final
Señor, quiero cantar un canto nuevo.
Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles.
Que se alegre Israel por su creador,
los hijos de Sión por su rey.
Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras.
Porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.
y adorna con la victoria a los humildes.
Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos.
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos.
(Salmo 149
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Lectio:
Friday, June 1, 2012
Prayer
Lord, merciful Father, you chose each of your children, that they might become heralds of your love in the world and bring the good fruit of your Presence to all peoples. May our fruit remain, thanks to our communion with You and with your Son, Jesus; help us to gather this fruit, which is our Friend and Teacher, who enters every day into the holy temple of our lives. May he renew his covenant with us daily, through faith and prayer full of trusting abandon. Amen.
Reading
From the gospel according to Mark (11:11-25)
11 Jesus entered Jerusalem and went into the temple area. He looked around at everything and, since it was already late, went out to Bethany with the Twelve. 12 The next day as they were leaving Bethany he was hungry. 13 Seeing from a distance a fig tree in leaf, he went over to see if he could find anything on it. When he reached it he found nothing but leaves; it was not the time for figs. 14 And he said to it in reply, "May no one ever eat of your fruit again!" And his disciples heard it. 15 They came to Jerusalem, and on entering the temple area he began to drive out those selling and buying there. He overturned the tables of the moneychangers and the seats of those who were selling doves. 16 He did not permit anyone to carry anything through the temple area. 17 Then he taught them saying, "Is it not written: 'My house shall be called a house of prayer for all peoples'? But you have made it a den of thieves." 18 The chief priests and the scribes came to hear of it and were seeking a way to put him to death, yet they feared him because the whole crowd was astonished at his teaching. 19 When evening came, they left the city. 20 Early in the morning, as they were walking along, they saw the fig tree withered to its roots. 21 Peter remembered and said to him, "Rabbi, look! The fig tree that you cursed has withered." 22 Jesus said to them in reply, "Have faith in God. 23 Amen, I say to you, whoever says to this mountain, 'Be lifted up and thrown into the sea,' and does not doubt in his heart but believes that what he says will happen, it shall be done for him. 24 Therefore I tell you, all that you ask for in prayer, believe that you will receive it and it shall be yours. 25 When you stand to pray, forgive anyone against whom you have a grievance, so that your heavenly Father may in turn forgive you your transgressions."
Meditation
* “Jesus entered Jerusalem and went into the temple area”. One of the characteristics of this passage is the continuous movement of Jesus, expressed in the repetition, in the alternation, of the verbs “enter” and “leave” (vv. 11; 12; 15; 19). In fact, the Lord continuously comes into our life, enters into our space, into our experience, passes, walks among us and with us, but then he goes, he distances himself, he leaves us to search and wait, and he returns again to be found. He does not disdain to enter the Holy City, into the temple, and thus it is within us, in our heart, offering us his visit of salvation.
* “he was hungry”. The verb we find here, from Mark’s pen, is the same verb used also in Matthew and in Luke in the story of the temptation in the desert (Mt 4:2; Lk 4,:2) and is used to fully express a condition of weakness, of fragility, of need, of tiredness. Jesus searches for something more than a simple fruit to sate his hunger; he does not ask something of a fig out of season, but asks of his people, asks of us, the good food of love, that which comes prepared to the table of the covenant, from the “yes” pronounced with trust and abandon.
* “Seeing from a distance a fig tree in leaf”. The figure of the fig tree, which occupies a central place in this passage, is a very strong symbol of Israel, the chosen people; of the temple and cult rendered to God in its entirety; and finally of ourselves, if we want it, of the most profound truth of our heart.
The leaves of the fig refer with clarity to the experience of Adam in the Garden of Eden, of his contact with sin, of his nudity and of his consequential shame. Jesus, stopping before this fig during his journey toward Jerusalem and setting his eyes on the leaves that hide the lack of fruit, in reality, tears the veil hiding our truth and exposes our heart, not to condemn it, but to save it, to heal it. The fruit of the fig is indeed sweet; the Lord searches for the sweetness of love to speak to our life. The barren fig, empty of fruit and life, anticipates, therefore, the temple emptied of sense, profaned and made useless from rapport with God, which is only flight, that is non-encounter. Like Adam, so Israel, and perhaps thus also us.
* “those selling and buying there”. The scene of the purification of the temple (vv. 15-17), which Mark insterts between the two moments of encounter already anticipated of the curse of the fig tree without fruit, is very strong and animated. This time, we are called to set our attention on the verbs and terms “drive out,” “overturned,” “did not permit,” selling,” “buying,” “moneychangers,” “vendors,” “thieves,” “carry anything.” Jesus inaugurates a new economy, in which “you were sold for nothing, and without money you shall be redeemed” (Is 52:3), “He shall…let my exiles go free without price or ransom” (Is 45:13) and “you were ransomed…not with perishable things like silver or gold but with the precious blood of Christ as of a spotless unblemished lamb” (1 Pt 1:18-19).
* “house of prayer”. From the holy temple we are led into the house, the Dwelling of God, where the true sacrifice is prayer, that is, the face-to-face encounter with Him, as children with our Father. Here nothing is bought, there is no money, but only the gift of the heart that opens itself with full trust to prayer and faith.
* “the fig tree withered to its roots”. In fact, it is these themes that the word of Mark wishes to offer for our meditation, continuing the reading of the passage. We must leave the temple to enter into the house, we must leave the sale to enter into the gift and trust: the tree without fruit is withered and seems to be in the middle of the road, indicating the new way to go, with the rising of a new morning (v. 20), a way toward God and towards our brothers and sisters.
* “have faith with no doubt”. With this most beautiful expression, Jesus helps us to enter into the depths of ourselves and to make contact with our heart, in truth. The Greek text has a stupendous verb, translated here as “doubt” and which wishes to really express an interior split, a division, a battle between two factions. Jesus thus invites us to place absolute trust in Him and in the Father, in order not to become shattered within. In a full and complete way we can come near to God, we can be in relationship with Him, without the need of leaves to mask ourselves, without beginning to count our change and calculate the price to pay, without making separations within ourselves, but offering ourselves completely to Him, as we are, that which we are, bringing with us the good and sweet fruit of love.
* “When you stand to pray, forgive”. And it cannot be any other way than this: the end and the new beginning of the way of faith and prayer, in the life of the Christian, is found in relationship with brothers and sisters, in the encounter with them, in the exchange, in the reciprocal giving. There is no prayer, cult of God, holy temple, sacrifice pleasing to God, there is no fruit or sweetness without love for our brother or sister. Mark calls it forgiveness, Jesus calls it love, the only fruit capable of satisfying our hunger, of relieving our weariness.
Questions for Reflection
* Meditating on this passage I encountered two strong figures: the fig tree and the temple, both ithout fruit, without life and love. I saw Jesus, who with his coming and his strong and sure work, changed this situation, offering a new aspect to life. Am I able to recognize my need to let myself be reached out to by the Lord, to let myself be touched by Him? Do I see myself, in certain aspects of myself, of my life, as a barren fig, without fruit or like the temple, a cold place of commerce and calculation? Do I feel within myself the desire to be able to also give the sweet fruit of love, of friendship, of sharing? Do I hunger for prayer, for a true relationship with the Father?
* Following Jesus along the way, can I also enter into the new morning of his Law, of his teaching? Am I able to recognize the cracks that I carry in my heart? Where do I feel most divided, most insecure, most confused? Why can I not completely entrust myself to my Father? Why do I still hobble on two feet, as the prophet Elijah says (cf. I Kings 18:21). I know that the Lord is God and I now I want to follow Him! Not alone, but opening my heart to many brothers and sisters, making myself friend and companion on the journey, to share in the joy and in the struggle, the fear and the enthusiasm of the way; I know with certainty that following the Lord I will be happy. Amen.
Final Prayer
Lord, I want to sing a new song!
Sing to the LORD a new song,
a hymn in the assembly of the faithful.
Let Israel be glad in their maker,
the people of Zion rejoice in their king.
Let them praise his name in festive dance,
make music with tambourine and lyre.
For the LORD takes delight in his people,
honors the poor with victory.
Let the faithful rejoice in their glory,
cry out for joy at their banquet,
With the praise of God in their mouths,
and a two-edged sword in their hands
(Psalm 149
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Lectio:
Venerdì, 1 Giugno, 2012
Preghiera
Signore, Padre misericordioso, Tu hai scelto ognuno dei tuoi figli, perché diventi annunciatore del tuo amore nel mondo e porti così il frutto buono della tua Presenza in mezzo a tutte le genti. Fa’ che il nostro frutto rimanga, grazie alla nostra comunione con Te e il Figlio tuo, Gesù; aiutaci ad accoglierlo quale nostro Amico e Maestro, che entra ogni giorno nel tempio sacro della nostra vita. Egli possa ogni giorno rinnovare la sua alleanza con noi, grazie alla fede e alla preghiera colma di fiducioso abbandono. Amen.
Lettura
Dal Vangelo secondo Marco (11, 11-25)
11Gesù entrò a Gerusalemme, nel tempio. E dopo aver guardato ogni cosa attorno, essendo ormai l’ora tarda, uscì con i Dodici verso Betània.
12La mattina seguente, mentre uscivano da Betània, ebbe fame. 13Avendo visto da lontano un albero di fichi che aveva delle foglie, si avvicinò per vedere se per caso vi trovasse qualcosa ma, quando vi giunse vicino, non trovò altro che foglie. Non era infatti la stagione dei fichi. 14Rivolto all’albero, disse: «Nessuno mai più in eterno mangi i tuoi frutti!». E i suoi discepoli l’udirono.
15Giunsero a Gerusalemme. Entrato nel tempio, si mise a scacciare quelli che vendevano e quelli che compravano nel tempio; rovesciò i tavoli dei cambiamonete e le sedie dei venditori di colombe 16e non ermetteva che si trasportassero cose attraverso il tempio. 17E insegnava loro dicendo: «Non sta forse scritto: La mia casa sarà chiamata casa di preghiera per tutte le nazioni?
Voi invece ne avete fatto un covo di ladri».
18Lo udirono i capi dei sacerdoti e gli scribi e cercavano il modo di farlo morire. Avevano infatti paura di lui, perché tutta la folla era stupita del suo insegnamento. 19Quando venne la sera, uscirono fuori dalla città.
20La mattina seguente, passando, videro l’albero di fichi seccato fin dalle radici. 21Pietro si ricordò e gli disse: «Maestro, guarda: l’albero di fichi che hai maledetto è seccato». 22Rispose loro Gesù: «Abbiate fede in Dio! 23In verità io vi dico: se uno dicesse a questo monte: “Lèvati e gèttati nel mare”, senza dubitare in cuor suo, ma credendo che quanto dice avviene, ciò gli avverrà. 24Per questo vi dico: tutto quello che chiederete nella preghiera, abbiate fede di averlo ottenuto e vi accadrà. 25Quando vi mettete a pregare, se avete qualcosa contro qualcuno, perdonate, perché anche il Padre vostro che è nei cieli perdoni a voi le vostre colpe».
Meditazione
* “Gesù entrò a Gerusalemme, nel tempio”. Una delle caratteristiche di questo brano è il continuo movimento di Gesù, espresso dal ripetersi, in alternanza, dei verbi “entrare” e “uscire” (vv. 11; 12; 15; 19). Il Signore, infatti, viene continuamente nella nostra vita, entra nel nostro spazio, nella nostra esperienza, passa, cammina in mezzo a noi e con noi, ma poi se ne va, si allontana, si lascia cercare e aspettare, e di nuovo torna e si lascia trovare. Non disdegna di entrare nella Città santa, nel tempio, così come dentro di noi, nel nostro cuore, offrendoci la sua visita di salvezza.
* “Ebbe fame”. Il verbo che qui troviamo, sulla penna di Marco, è lo stesso usato anche da Matteo e da Luca nel racconto delle tentazioni nel deserto (Mt 4, 2; Lc 4, 2) e vuole esprimere tutta una condizione di debolezza, di fragilità, di bisogno, di stanchezza. Gesù cerca qualcosa di più che un semplice frutto per placare la sua fame; non chiede qualcosa a un fico fuori stagione, ma chiede al suo popolo, chiede a noi, il cibo buono dell’amore, quello che viene imbandito alla tavola dell’alleanza, del sì detto con fiducia e abbandono.
* “un albero di fichi che aveva delle foglie”. La figura dell’albero di fichi, che occupa un posto centrale in questo brano, è un simbolo molto forte di Israele, popolo eletto; del tempio e del culto reso a Dio al suo interno; e infine anche di noi stessi, se lo vogliamo, della verità più profonda del nostro cuore.
Le foglie del fico rimandano con chiarezza all’esperienza di Adamo nel giardino di Eden, al suo contatto col peccato, alla sua nudità e alla conseguente vergogna. Gesù, fermandosi presso questo fico nel suo viaggio verso Gerusalemme e puntando il suo sguardo sulle foglie che nascondono la mancanza di frutti, in realtà toglie il velo alla nostra verità e mette a nudo il nostro cuore, non per condannare, ma per salvare, per guarire. Il frutto del fico è infatti dolce; il Signore cerca la dolcezza dell’amore per parlare alla nostra vita. Il fico sterile, vuoto di frutti e di vita, anticipa, così, il tempio svuotato di senso, profanato e reso inutile da un rapporto con Dio, che è solo fuga, che è non-incontro. Come Adamo, così anche Israele e forse anche noi.
* “quelli che vendevano e compravano”. La scena della purificazione del tempio (vv. 15-17), che Marco inserisce tra i due momenti del racconto già anticipato della maledizione al fico senza frutti, è molto forte e animata. Questa volta siamo chiamati a porre la nostra attenzione su verbi e vocaboli quali “scacciare”, “rovesciò”, “non permetteva”; “vendevano”, “compravano”, “cambiamonete”, “venditori”, “ladri” “trasportare cose”. Gesù inaugura un’economia nuova, nella quale “senza prezzo noi siamo venduti e senza denaro siamo riscattati” (Is 52, 3), “non per denaro e non per regali oi siamo riscattati” (Is 45, 13) e “non a prezzo di argento e oro noi siamo liberati, ma con il sangue prezioso di Cristo, agnello senza difetti e senza macchia” (1 Pt 1, 18-19).
* “casa di preghiera”. Dal tempio santo noi siamo condotti nella casa, Dimora di Dio, dove il vero sacrificio è la preghiera, cioè l’incontro faccia a faccia con Lui, come di figli col proprio Padre. Qui nulla si compra, non c’è denaro, ma solo il dono del cuore che si apre con piena fiducia alla preghiera e alla fede.
* “l’albero di fichi seccato fin dalle radici”. Infatti sono proprio questi i nuovi temi che la parole di Marco vogliono offrire alla nostra meditazione, continuando nella lettura del brano. Occorre uscire dal tempio per entrare nella casa, occorre uscire dalla compravendita per entrare nel dono e nella fiducia: l’albero senza frutti è inaridito e sembra stare nel mezzo della strada per indicare il cammino nuovo da percorrere, col sorgere del nuovo mattino (v. 20), un cammino verso Dio e verso i fratelli.
* “abbiate fede senza dubitare”. Con questa bellissima espressione Gesù ci aiuta a scendere nel profondo di noi stessi e a prendere contatto col nostro cuore, nella verità. Il testo greco ha un verbo stupendo, tradotto qui con “dubitare” e che vuole esprimere addirittura una spaccatura interiore, una divisione, un combattimento fra parti diverse. Gesù ci invita, così, a porre una fiducia assoluta in Lui e nel Padre, per non venire spezzati dentro. In modo pieno e completo noi possiamo avvicinarci a Dio, possiamo essere in relazione con Lui, senza bisogno di foglie per mascherarci, senza cominciare a contare le monete e calcolare il prezzo da pagare, senza fare separazioni dentro di noi, ma offrendoci totalmente a Lui, così come siamo, quelli che siamo, portando con noi il frutto buono e dolce dell’amore.
* “quando vi mettete a pregare, perdonate”. E non può essere altro che così: il termine e il nuovo inizio del cammino di fede e di preghiera, nella vita del cristiano, si trova nella relazione coi fratelli e le sorelle, nell’incontro con loro, nello scambio, nel dono reciproco. Non esiste preghiera, culto a Dio, tempio santo, sacrificio gradito a Dio, non esiste frutto o dolcezza senza l’amore per il fratello e la sorella. Marco lo chiama perdono, Gesù lo chiama amore, l’unico frutto capace di colmare la nostra fame, di sollevare ogni nostra stanchezza.
Alcune domande
* Meditando questo brano ho incontrato due figure molto forti: l’albero di fico e il tempio, entrambi senza frutto, senza vita e amore. Ho visto Gesù, che con la sua venuta e la sua opera forte e sicura, ha cambiato questa situazione, offrendo un volto nuovo alla vita. Riesco a riconoscere il mio bisogno di lasciarmi raggiungere dal Signore, di lasciarmi toccare da Lui? Mi vedo, in alcuni aspetti di me, della mia vita, come il fico sterile, senza frutti o come il tempio, luogo freddo di commerci e di calcoli? Sento dentro di me il desiderio di poter donare anch’io il frutto dolce dell’amore, dell’amicizia, della condivisione? Ho fame della preghiera, del vero rapporto con il Padre?
* Seguendo Gesù lungo la via, posso anch’io entrare nel mattino nuovo della sua Legge, del suo insegnamento. Riesco a riconoscere le spaccature che porto nel mio cuore? Dove mi sento più diviso, più insicuro, più confuso? Perché non riesco a fidarmi totalmente di mio Padre? Perché ancora zoppico su due piedi, come dice il profeta Elia (cfr. 1 Re 18, 21). Io lo so che il Signore è Dio e allora voglio seguire Lui! Non da solo, però, ma aprendo il cuore a tanti fratelli e sorelle, facendomi amico e compagni di viaggio, per condividere la gioia e la fatica, la paura e l’entusiasmo del cammino; so per certo che seguendo il Signore sarò felice. Amen.
Preghiera finale
Signore, voglio cantare un canto nuovo!
Cantate al Signore un canto nuovo;
la sua lode nell’assemblea dei fedeli.
Gioisca Israele nel suo creatore,
esultino nel loro re i figli di Sion.
Lodino il suo nome con danze,
con tamburelli e cetre gli cantino inni.
Il Signore ama il suo popolo,
incorona i poveri di vittoria.
Esultino i fedeli nella gloria,
facciano festa sui loro giacigli.
Le lodi di Dio sulla loro bocca
e la spada a due tagli nelle loro mani.
(Salmo 149

Estos símbolos nos revelan los poderes que el Espíritu Santo nos da: El viento es una fuerza invisible pero real. Así es el Espíritu Santo. El fuego es un elemento que limpia. Por ejemplo, se prende fuego al terreno para quitarle las malas hierbas y poder sembrar buenas semillas. En los laboratorios médicos para purificar a los instrumentos se les prende fuego.