jueves, 31 de mayo de 2012

Lectio Divina Viernes 01 de Junio

Orden Carmelitano
Lectio:
Viernes, 1 Junio, 2012
Oración
Señor, Padre misericordioso. Tú has elegido a algunos hijos tuyos para que anuncien tu amor en el mundo, y así haces posible que llegue a todos los pueblos el fruto sabroso de tu Presencia. Haz que nuestro fruto permanezca a través de nuestra comunión contigo y con tu Hijo Jesús; ayúdanos a acogerlo como al Amigo y Maestro que cada día entra en el templo santo de nuestra vida. Que él renueve cada día su alianza con nosotros por nuestra fe y nuestra oración, que rebosen de confiado abandono. Amén.
Lectura
Del Evangelio según San Marcos (11, 11-25)
11 Y entró en Jerusalén, en el Templo, y después de observar todo a su alrededor, siendo ya tarde, salió con los Doce para Betania.
12 Al día siguiente, saliendo ellos de Betania, sintió hambre.13 Y viendo de lejos una higuera con hojas, fue a ver si encontraba algo en ella; acercándose a ella, no encontró más que hojas; es que no era tiempo de higos.14 Entonces le dijo: "¡Que nunca jamás coma nadie fruto de ti!" Y sus discípulos oían
esto.
15 Llegan a Jerusalén; y entrando en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y a los que compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas
16 y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo.
17 Y les enseñaba, diciéndoles: "¿No está escrito: “Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las gentes? “¡Pero vosotros la tenéis hecha una ”cueva de bandidos!".
18 Se enteraron de esto los sumos sacerdotes y los escribas y buscaban cómo podrían matarle; porque le tenían miedo, pues toda la gente estaba asombrada de su doctrina. 19 Y al atardecer, salía fuera de la ciudad.
20 Al pasar muy de mañana, vieron la higuera, que estaba seca hasta la raíz. 21 Pedro, recordándolo, le dice: "¡Rabí, mira!, la higuera que maldijiste está seca." 22 Jesús les respondió: "Tened fe en Dios. 23 Yo os aseguro que quien diga a este monte: "Quítate y arrójate al mar" y no vacile en su corazón sino que crea que va a suceder lo que dice, lo obtendrá. 24 Por eso os digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido y lo obtendréis. 25 Y cuando os pongáis de pie para orar, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre, que está en los cielos, os perdone vuestras ofensas."
Meditación
* “Jesús entró en Jerusalén, en el templo”. Una de las características de este pasaje es el continuo movimiento de de Jesús, expresado en la repetición alternativa de los verbos “entrar” y “salir” (vv. 11; 12; 15; 19). Realmente el Señor viene continuamente a nuestra vida, entra en nuestros espacios, en nuestra experiencia, pasa, anda entre nosotros y con nosotros, pero luego se va, se aleja, se deja buscar y esperar, y vuelve de nuevo y se deja encontrar. No desdeña entrar en la ciudad Santa, en el templo, ni tampoco dentro de nosotros, en nuestro corazón, ofreciéndonos su visita salvadora.
* “Sintió hambre”. El verbo usado por la pluma de Marcos es el mismo que usan Mateo y Lucas al narrar las tentaciones en el desierto (Mt 4, 2: Lc 4, 2), y pretende concretar una situación de debilidad, de fragilidad, de necesidad, de cansancio. Jesús busca algo más que un simple alimento para calmar su hambre; no es a la higuera a la que pide algo fuera de tiempo, sino que pide a su pueblo, a nosotros, el buen fruto del amor, que se sirve en la mesa de la alianza, del sí pronunciado con fe y con confianza.
* “una higuera con hojas”. La figura de la higuera, que en este pasaje ocupa un lugar central, es un símbolo muy fuerte del pueblo elegido, Israel; del templo y del culto ofrecido en él a Dios; e incluso de nosotros mismos, si así lo aceptamos, es decir, de la verdad más profunda que hay en nuestro corazón.
Las hojas de la higuera remiten claramente a la experiencia de Adán en el jardín del Edén, a su implicación con el pecado, a su desnudez y a su vergüenza posterior. En realidad, al pararse ante la higuera mientras iba de camino hacia Jerusalén y dirigir su mirada a las hojas que ocultan la falta de fruto, Jesús desvela nuestra verdad y deja al desnudo nuestro corazón, no para condenarlo, sino para salvarlo, para curarlo. De hecho, el fruto de la higuera es dulce; el Señor, para hablar a nuestra vida, busca la dulzura del amor. De esta manera, la higuera estéril, priva de fruto y de vida, hace presente el tiempo vacío de sentido y profanado, usado no para la relación con Dios, sino para la huída y para el no-encuentro. Como sucedió a Adán, así sucedió a Israel y tal vez lo mismo nos sucede también a nosotros.
* “los que vendían y compraban”. La escena de la purificación del templo (vv. 15-17), que Marcos introduce entre los dos momentos del relato, anticipando la maldición de la higuera sin fruto, es muy fuerte y viva. Ahora se nos invita a prestar atención a verbos y vocablos como “echar fuera”, “volcó”, “no permitía”, “vendían”, “compraban”, “cambistas”, “vendedores”, “bandidos”, transportar cosas”. Jesús inaugura una economía nueva en la que “hemos sido vendidos sin precio y rescatados sin dinero” (Is 52, 3), “hemos sido rescatados no por dinero ni por regalos” (Is 45, 13) y “hemos sido liberados no a precio de plata y oro, sino con la sangre preciosa de Cristo, el cordero sin defecto y sin mancha” (1 P 1, 18-19).
* “casa de oración”. Desde el templo somos conducidos a la casa, Morada de Dios, donde el verdadero sacrificio es la oración, es decir, el encuentro con Él cara a cara, como los hijos con su Padre. Aquí no se compra nada, no hay dinero, sino sólo el don del corazón que se abre con toda confianza a la oración y a la fe.
* “la higuera seca hasta la raíz”. Realmente estos son los nuevos temas que las palabras de Marcos quieren proponer a nuestra meditación mientras seguimos la lectura del pasaje. Es necesario salir del templo para entrar en la casa, es necesario salir de la compraventa para entrar en el don de la confianza: el árbol sin fruto está seco y parece estar a nuestro paso sólo para indicar el camino nuevo que hay que recorrer, en una nueva mañana (V, 20); un camino hacia Dios y hacia los hermanos.
* “tened fe sin vacilar”. Con esta hermosísima expresión Jesús nos enseña a descender a lo más profundo de nosotros mismos y a tantear nuestro corazón desde la verdad. El texto griego pone un verbo estupendo, que ha sido traducido como “vacilar” y que quiere expresar al respecto una ruptura interior, una división, un combate entre partes contrarias. De esta manera, Jesús nos invita a tener plena confianza en Él y en el Padre, a fin de evitar rompernos por dentro. Podemos acercarnos a Dios de manera plena y total, podemos estar en relación con Él, sin que sean necesarias hojas para enmascararnos, sin tener que contar monedas y calcular el precio a pagar, sin hacer compartimentos dentro de nosotros, sino ofreciéndonos totalmente a Él, tal como somos, los que somos, llevando en nosotros el fruto bueno y dulce del amor.
* “cuando os pongáis de pie para orar, perdonad”. No puede ser de otra manera: en la vida del cristiano, el término y el iniciar de nuevo el camino de la fe y de la oración se concretan en la relación con los hermanos y las hermanas, en el encuentro con ellos, en el diálogo, en el don recíproco. No existe oración, ni culto a Dios, ni templo santo, ni sacrificio agradable a Dios, no existe fruto ni dulzura, sin el amor hacia el hermano y la hermana. Marcos lo llama perdón, Jesús lo llama amor, que es el único fruto capaz de saciar nuestra hambre, de aliviar nuestro cansancio.
Algunas preguntas
* Al meditar este pasaje, he encontrado dos figuras muy fuertes: la higuera y el templo, ambos sin fruto, sin vida y sin amor. He visto a Jesús que con su venida y con su obrar firme y seguro ha cambiado esta situación y ofrece un nuevo rostro de la vida. ¿Reconozco que necesito dejarme alcanzar por el Señor, dejarme tocar por Él? ¿Me veo, en alguno de los aspectos de mi vida, como la higuera estéril, sin fruto, o como el templo, lugar frío de comercio y de cálculos? ¿Siento dentro de mí el deseo de producir el fruto dulce del amor, de la amistad, del compartir? ¿Tengo hambre de orar, de tener una verdadera relación con el Padre?
* Siguiendo a Jesús a lo largo del camino, también yo puedo entrar en la nueva mañana de su Ley, de su enseñanza. ¿Reconozco las rupturas que hay en mi corazón? ¿En qué siento especialmente que estoy dividido, inseguro y desorientado? ¿Por qué no consigo fiarme totalmente de mi Padre? ¿Por qué aún cojeo de los dos pies, como dice el profeta Elías (cfr. 1 R 18, 21)? ¡Yo sé que el Señor es Dios y por eso deseo seguirlo! Pero no yendo solo, sino abriendo el corazón a muchos hermanos y hermanas, ofreciéndome como amigo y compañero de viaje, para compartir la alegría y las fatigas, los miedos y el entusiasmo del camino; estoy seguro de que siguiendo al Señor seré feliz. Amén.
Oración final
Señor, quiero cantar un canto nuevo.
Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles.
Que se alegre Israel por su creador,
los hijos de Sión por su rey.
Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras.
Porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.
Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos.
(Salmo 149
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Lectio:
Friday, June 1, 2012
Prayer
Lord, merciful Father, you chose each of your children, that they might become heralds of your love in the world and bring the good fruit of your Presence to all peoples. May our fruit remain, thanks to our communion with You and with your Son, Jesus; help us to gather this fruit, which is our Friend and Teacher, who enters every day into the holy temple of our lives. May he renew his covenant with us daily, through faith and prayer full of trusting abandon. Amen.
Reading
From the gospel according to Mark (11:11-25)
11 Jesus entered Jerusalem and went into the temple area. He looked around at everything and, since it was already late, went out to Bethany with the Twelve. 12 The next day as they were leaving Bethany he was hungry. 13 Seeing from a distance a fig tree in leaf, he went over to see if he could find anything on it. When he reached it he found nothing but leaves; it was not the time for figs. 14 And he said to it in reply, "May no one ever eat of your fruit again!" And his disciples heard it. 15 They came to Jerusalem, and on entering the temple area he began to drive out those selling and buying there. He overturned the tables of the moneychangers and the seats of those who were selling doves. 16 He did not permit anyone to carry anything through the temple area. 17 Then he taught them saying, "Is it not written: 'My house shall be called a house of prayer for all peoples'? But you have made it a den of thieves." 18 The chief priests and the scribes came to hear of it and were seeking a way to put him to death, yet they feared him because the whole crowd was astonished at his teaching. 19 When evening came, they left the city. 20 Early in the morning, as they were walking along, they saw the fig tree withered to its roots. 21 Peter remembered and said to him, "Rabbi, look! The fig tree that you cursed has withered." 22 Jesus said to them in reply, "Have faith in God. 23 Amen, I say to you, whoever says to this mountain, 'Be lifted up and thrown into the sea,' and does not doubt in his heart but believes that what he says will happen, it shall be done for him. 24 Therefore I tell you, all that you ask for in prayer, believe that you will receive it and it shall be yours. 25 When you stand to pray, forgive anyone against whom you have a grievance, so that your heavenly Father may in turn forgive you your transgressions."
Meditation
* “Jesus entered Jerusalem and went into the temple area”. One of the characteristics of this passage is the continuous movement of Jesus, expressed in the repetition, in the alternation, of the verbs “enter” and “leave” (vv. 11; 12; 15; 19). In fact, the Lord continuously comes into our life, enters into our space, into our experience, passes, walks among us and with us, but then he goes, he distances himself, he leaves us to search and wait, and he returns again to be found. He does not disdain to enter the Holy City, into the temple, and thus it is within us, in our heart, offering us his visit of salvation.
* “he was hungry”. The verb we find here, from Mark’s pen, is the same verb used also in Matthew and in Luke in the story of the temptation in the desert (Mt 4:2; Lk 4,:2) and is used to fully express a condition of weakness, of fragility, of need, of tiredness. Jesus searches for something more than a simple fruit to sate his hunger; he does not ask something of a fig out of season, but asks of his people, asks of us, the good food of love, that which comes prepared to the table of the covenant, from the “yes” pronounced with trust and abandon.
* “Seeing from a distance a fig tree in leaf”. The figure of the fig tree, which occupies a central place in this passage, is a very strong symbol of Israel, the chosen people; of the temple and cult rendered to God in its entirety; and finally of ourselves, if we want it, of the most profound truth of our heart.
The leaves of the fig refer with clarity to the experience of Adam in the Garden of Eden, of his contact with sin, of his nudity and of his consequential shame. Jesus, stopping before this fig during his journey toward Jerusalem and setting his eyes on the leaves that hide the lack of fruit, in reality, tears the veil hiding our truth and exposes our heart, not to condemn it, but to save it, to heal it. The fruit of the fig is indeed sweet; the Lord searches for the sweetness of love to speak to our life. The barren fig, empty of fruit and life, anticipates, therefore, the temple emptied of sense, profaned and made useless from rapport with God, which is only flight, that is non-encounter. Like Adam, so Israel, and perhaps thus also us.
* “those selling and buying there”. The scene of the purification of the temple (vv. 15-17), which Mark insterts between the two moments of encounter already anticipated of the curse of the fig tree without fruit, is very strong and animated. This time, we are called to set our attention on the verbs and terms “drive out,” “overturned,” “did not permit,” selling,” “buying,” “moneychangers,” “vendors,” “thieves,” “carry anything.” Jesus inaugurates a new economy, in which “you were sold for nothing, and without money you shall be redeemed” (Is 52:3), “He shall…let my exiles go free without price or ransom” (Is 45:13) and “you were ransomed…not with perishable things like silver or gold but with the precious blood of Christ as of a spotless unblemished lamb” (1 Pt 1:18-19).
* “house of prayer”. From the holy temple we are led into the house, the Dwelling of God, where the true sacrifice is prayer, that is, the face-to-face encounter with Him, as children with our Father. Here nothing is bought, there is no money, but only the gift of the heart that opens itself with full trust to prayer and faith.
* “the fig tree withered to its roots”. In fact, it is these themes that the word of Mark wishes to offer for our meditation, continuing the reading of the passage. We must leave the temple to enter into the house, we must leave the sale to enter into the gift and trust: the tree without fruit is withered and seems to be in the middle of the road, indicating the new way to go, with the rising of a new morning (v. 20), a way toward God and towards our brothers and sisters.
* “have faith with no doubt”. With this most beautiful expression, Jesus helps us to enter into the depths of ourselves and to make contact with our heart, in truth. The Greek text has a stupendous verb, translated here as “doubt” and which wishes to really express an interior split, a division, a battle between two factions. Jesus thus invites us to place absolute trust in Him and in the Father, in order not to become shattered within. In a full and complete way we can come near to God, we can be in relationship with Him, without the need of leaves to mask ourselves, without beginning to count our change and calculate the price to pay, without making separations within ourselves, but offering ourselves completely to Him, as we are, that which we are, bringing with us the good and sweet fruit of love.
* “When you stand to pray, forgive”. And it cannot be any other way than this: the end and the new beginning of the way of faith and prayer, in the life of the Christian, is found in relationship with brothers and sisters, in the encounter with them, in the exchange, in the reciprocal giving. There is no prayer, cult of God, holy temple, sacrifice pleasing to God, there is no fruit or sweetness without love for our brother or sister. Mark calls it forgiveness, Jesus calls it love, the only fruit capable of satisfying our hunger, of relieving our weariness.
Questions for Reflection
* Meditating on this passage I encountered two strong figures: the fig tree and the temple, both ithout fruit, without life and love. I saw Jesus, who with his coming and his strong and sure work, changed this situation, offering a new aspect to life. Am I able to recognize my need to let myself be reached out to by the Lord, to let myself be touched by Him? Do I see myself, in certain aspects of myself, of my life, as a barren fig, without fruit or like the temple, a cold place of commerce and calculation? Do I feel within myself the desire to be able to also give the sweet fruit of love, of friendship, of sharing? Do I hunger for prayer, for a true relationship with the Father?
* Following Jesus along the way, can I also enter into the new morning of his Law, of his teaching? Am I able to recognize the cracks that I carry in my heart? Where do I feel most divided, most insecure, most confused? Why can I not completely entrust myself to my Father? Why do I still hobble on two feet, as the prophet Elijah says (cf. I Kings 18:21). I know that the Lord is God and I now I want to follow Him! Not alone, but opening my heart to many brothers and sisters, making myself friend and companion on the journey, to share in the joy and in the struggle, the fear and the enthusiasm of the way; I know with certainty that following the Lord I will be happy. Amen.
Final Prayer
Lord, I want to sing a new song!
Sing to the LORD a new song,
a hymn in the assembly of the faithful.
Let Israel be glad in their maker,
the people of Zion rejoice in their king.
Let them praise his name in festive dance,
make music with tambourine and lyre.
For the LORD takes delight in his people,
honors the poor with victory.
Let the faithful rejoice in their glory,
cry out for joy at their banquet,
With the praise of God in their mouths,
and a two-edged sword in their hands
(Psalm 149
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Lectio:
Venerdì, 1 Giugno, 2012
Preghiera
Signore, Padre misericordioso, Tu hai scelto ognuno dei tuoi figli, perché diventi annunciatore del tuo amore nel mondo e porti così il frutto buono della tua Presenza in mezzo a tutte le genti. Fa’ che il nostro frutto rimanga, grazie alla nostra comunione con Te e il Figlio tuo, Gesù; aiutaci ad accoglierlo quale nostro Amico e Maestro, che entra ogni giorno nel tempio sacro della nostra vita. Egli possa ogni giorno rinnovare la sua alleanza con noi, grazie alla fede e alla preghiera colma di fiducioso abbandono. Amen.
Lettura
Dal Vangelo secondo Marco (11, 11-25)
11Gesù entrò a Gerusalemme, nel tempio. E dopo aver guardato ogni cosa attorno, essendo ormai l’ora tarda, uscì con i Dodici verso Betània.
12La mattina seguente, mentre uscivano da Betània, ebbe fame. 13Avendo visto da lontano un albero di fichi che aveva delle foglie, si avvicinò per vedere se per caso vi trovasse qualcosa ma, quando vi giunse vicino, non trovò altro che foglie. Non era infatti la stagione dei fichi. 14Rivolto all’albero, disse: «Nessuno mai più in eterno mangi i tuoi frutti!». E i suoi discepoli l’udirono.
15Giunsero a Gerusalemme. Entrato nel tempio, si mise a scacciare quelli che vendevano e quelli che compravano nel tempio; rovesciò i tavoli dei cambiamonete e le sedie dei venditori di colombe 16e non ermetteva che si trasportassero cose attraverso il tempio. 17E insegnava loro dicendo: «Non sta forse scritto: La mia casa sarà chiamata casa di preghiera per tutte le nazioni?
Voi invece ne avete fatto un covo di ladri».
18Lo udirono i capi dei sacerdoti e gli scribi e cercavano il modo di farlo morire. Avevano infatti paura di lui, perché tutta la folla era stupita del suo insegnamento. 19Quando venne la sera, uscirono fuori dalla città.
20La mattina seguente, passando, videro l’albero di fichi seccato fin dalle radici. 21Pietro si ricordò e gli disse: «Maestro, guarda: l’albero di fichi che hai maledetto è seccato». 22Rispose loro Gesù: «Abbiate fede in Dio! 23In verità io vi dico: se uno dicesse a questo monte: “Lèvati e gèttati nel mare”, senza dubitare in cuor suo, ma credendo che quanto dice avviene, ciò gli avverrà. 24Per questo vi dico: tutto quello che chiederete nella preghiera, abbiate fede di averlo ottenuto e vi accadrà. 25Quando vi mettete a pregare, se avete qualcosa contro qualcuno, perdonate, perché anche il Padre vostro che è nei cieli perdoni a voi le vostre colpe».
Meditazione
* “Gesù entrò a Gerusalemme, nel tempio”. Una delle caratteristiche di questo brano è il continuo movimento di Gesù, espresso dal ripetersi, in alternanza, dei verbi “entrare” e “uscire” (vv. 11; 12; 15; 19). Il Signore, infatti, viene continuamente nella nostra vita, entra nel nostro spazio, nella nostra esperienza, passa, cammina in mezzo a noi e con noi, ma poi se ne va, si allontana, si lascia cercare e aspettare, e di nuovo torna e si lascia trovare. Non disdegna di entrare nella Città santa, nel tempio, così come dentro di noi, nel nostro cuore, offrendoci la sua visita di salvezza.
* “Ebbe fame”. Il verbo che qui troviamo, sulla penna di Marco, è lo stesso usato anche da Matteo e da Luca nel racconto delle tentazioni nel deserto (Mt 4, 2; Lc 4, 2) e vuole esprimere tutta una condizione di debolezza, di fragilità, di bisogno, di stanchezza. Gesù cerca qualcosa di più che un semplice frutto per placare la sua fame; non chiede qualcosa a un fico fuori stagione, ma chiede al suo popolo, chiede a noi, il cibo buono dell’amore, quello che viene imbandito alla tavola dell’alleanza, del sì detto con fiducia e abbandono.
* “un albero di fichi che aveva delle foglie”. La figura dell’albero di fichi, che occupa un posto centrale in questo brano, è un simbolo molto forte di Israele, popolo eletto; del tempio e del culto reso a Dio al suo interno; e infine anche di noi stessi, se lo vogliamo, della verità più profonda del nostro cuore.
Le foglie del fico rimandano con chiarezza all’esperienza di Adamo nel giardino di Eden, al suo contatto col peccato, alla sua nudità e alla conseguente vergogna. Gesù, fermandosi presso questo fico nel suo viaggio verso Gerusalemme e puntando il suo sguardo sulle foglie che nascondono la mancanza di frutti, in realtà toglie il velo alla nostra verità e mette a nudo il nostro cuore, non per condannare, ma per salvare, per guarire. Il frutto del fico è infatti dolce; il Signore cerca la dolcezza dell’amore per parlare alla nostra vita. Il fico sterile, vuoto di frutti e di vita, anticipa, così, il tempio svuotato di senso, profanato e reso inutile da un rapporto con Dio, che è solo fuga, che è non-incontro. Come Adamo, così anche Israele e forse anche noi.
* “quelli che vendevano e compravano”. La scena della purificazione del tempio (vv. 15-17), che Marco inserisce tra i due momenti del racconto già anticipato della maledizione al fico senza frutti, è molto forte e animata. Questa volta siamo chiamati a porre la nostra attenzione su verbi e vocaboli quali “scacciare”, “rovesciò”, “non permetteva”; “vendevano”, “compravano”, “cambiamonete”, “venditori”, “ladri” “trasportare cose”. Gesù inaugura un’economia nuova, nella quale “senza prezzo noi siamo venduti e senza denaro siamo riscattati” (Is 52, 3), “non per denaro e non per regali oi siamo riscattati” (Is 45, 13) e “non a prezzo di argento e oro noi siamo liberati, ma con il sangue prezioso di Cristo, agnello senza difetti e senza macchia” (1 Pt 1, 18-19).
* “casa di preghiera”. Dal tempio santo noi siamo condotti nella casa, Dimora di Dio, dove il vero sacrificio è la preghiera, cioè l’incontro faccia a faccia con Lui, come di figli col proprio Padre. Qui nulla si compra, non c’è denaro, ma solo il dono del cuore che si apre con piena fiducia alla preghiera e alla fede.
* “l’albero di fichi seccato fin dalle radici”. Infatti sono proprio questi i nuovi temi che la parole di Marco vogliono offrire alla nostra meditazione, continuando nella lettura del brano. Occorre uscire dal tempio per entrare nella casa, occorre uscire dalla compravendita per entrare nel dono e nella fiducia: l’albero senza frutti è inaridito e sembra stare nel mezzo della strada per indicare il cammino nuovo da percorrere, col sorgere del nuovo mattino (v. 20), un cammino verso Dio e verso i fratelli.
* “abbiate fede senza dubitare”. Con questa bellissima espressione Gesù ci aiuta a scendere nel profondo di noi stessi e a prendere contatto col nostro cuore, nella verità. Il testo greco ha un verbo stupendo, tradotto qui con “dubitare” e che vuole esprimere addirittura una spaccatura interiore, una divisione, un combattimento fra parti diverse. Gesù ci invita, così, a porre una fiducia assoluta in Lui e nel Padre, per non venire spezzati dentro. In modo pieno e completo noi possiamo avvicinarci a Dio, possiamo essere in relazione con Lui, senza bisogno di foglie per mascherarci, senza cominciare a contare le monete e calcolare il prezzo da pagare, senza fare separazioni dentro di noi, ma offrendoci totalmente a Lui, così come siamo, quelli che siamo, portando con noi il frutto buono e dolce dell’amore.
* “quando vi mettete a pregare, perdonate”. E non può essere altro che così: il termine e il nuovo inizio del cammino di fede e di preghiera, nella vita del cristiano, si trova nella relazione coi fratelli e le sorelle, nell’incontro con loro, nello scambio, nel dono reciproco. Non esiste preghiera, culto a Dio, tempio santo, sacrificio gradito a Dio, non esiste frutto o dolcezza senza l’amore per il fratello e la sorella. Marco lo chiama perdono, Gesù lo chiama amore, l’unico frutto capace di colmare la nostra fame, di sollevare ogni nostra stanchezza.
Alcune domande
* Meditando questo brano ho incontrato due figure molto forti: l’albero di fico e il tempio, entrambi senza frutto, senza vita e amore. Ho visto Gesù, che con la sua venuta e la sua opera forte e sicura, ha cambiato questa situazione, offrendo un volto nuovo alla vita. Riesco a riconoscere il mio bisogno di lasciarmi raggiungere dal Signore, di lasciarmi toccare da Lui? Mi vedo, in alcuni aspetti di me, della mia vita, come il fico sterile, senza frutti o come il tempio, luogo freddo di commerci e di calcoli? Sento dentro di me il desiderio di poter donare anch’io il frutto dolce dell’amore, dell’amicizia, della condivisione? Ho fame della preghiera, del vero rapporto con il Padre?
* Seguendo Gesù lungo la via, posso anch’io entrare nel mattino nuovo della sua Legge, del suo insegnamento. Riesco a riconoscere le spaccature che porto nel mio cuore? Dove mi sento più diviso, più insicuro, più confuso? Perché non riesco a fidarmi totalmente di mio Padre? Perché ancora zoppico su due piedi, come dice il profeta Elia (cfr. 1 Re 18, 21). Io lo so che il Signore è Dio e allora voglio seguire Lui! Non da solo, però, ma aprendo il cuore a tanti fratelli e sorelle, facendomi amico e compagni di viaggio, per condividere la gioia e la fatica, la paura e l’entusiasmo del cammino; so per certo che seguendo il Signore sarò felice. Amen.
Preghiera finale
Signore, voglio cantare un canto nuovo!
Cantate al Signore un canto nuovo;
la sua lode nell’assemblea dei fedeli.
Gioisca Israele nel suo creatore,
esultino nel loro re i figli di Sion.
Lodino il suo nome con danze,
con tamburelli e cetre gli cantino inni.
Il Signore ama il suo popolo,
incorona i poveri di vittoria.
Esultino i fedeli nella gloria,
facciano festa sui loro giacigli.
Le lodi di Dio sulla loro bocca
e la spada a due tagli nelle loro mani.
(Salmo 149

miércoles, 30 de mayo de 2012

Lectio DIvina Jueves 31

Orden Carmelitana
Lectio:
Jueves, 31 Mayo, 2012
1) Oración inicial
Concédenos tu ayuda, Señor, para que el mundo progrese, según tus designios; gocen las naciones de una paz estable y tu Iglesia se alegre de poder servirte con una entrega confiada y pacífica. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del santo Evangelio según Lucas 1,39-56
En aquellos días, se puso en camino María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, Isabel quedó llena de Espíritu Santo y exclamó a gritos: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que venga a verme la madre de mi Señor? Porque apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!»
Y dijo María:
«Alaba mi alma la grandeza del Señor
y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador
porque ha puesto los ojos en la pequeñez de su esclava,
por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada,
porque ha hecho en mi favor cosas grandes el Poderoso, Santo es su nombre
y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los de corazón altanero.
Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes.
A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos con las manos vacías.
Acogió a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abrahán y de su linaje por los siglos.»
María se quedó con ella unos tres meses, y luego se volvió a su casa.
3) Reflexión
• Hoy, fiesta de la visitación de Nuestra Señora, el evangelio habla de la visita de María a su prima Isabel. Cuando Lucas habla de María, él piensa en las comunidades de su tiempo que vivían dispersas por las ciudades del Imperio Romano y les ofrece en María un modelo de cómo deben relacionarse con la Palabra de Dios. Una vez, al oír hablar a Jesús, una mujer exclamó: "Feliz la que te dio a luz y felices los pechos que te amamantaron”. Elogió a la madre de Jesús. Inmediatamente, Jesús respondió: "¡Felices, pues, los que escuchan la palabra de Dios y la observan!" (Lc 11,27-28). María es el modelo de comunidad fiel que sabe escuchar y practicar la Palabra de Dios. Al describir la visita de María a Isabel, enseña qué deben hacer las comunidades para transformar la visita de Dios en servicio a los hermanos y a las hermanas.
• El episodio de la visita de María a Isabel muestra otro aspecto bien típico de Lucas. Todas las palabras y actitudes, sobre todo el cántico de María, forman una gran celebración de alabanza. Parece la descripción de una solemne liturgia. Así, Lucas evoca el ambiente litúrgico y celebrativo, en el cual Jesús fue formado y en el cual las comunidades tenían que vivir su fe.
• Lucas 1,39-40: María sale para visitar a Isabel. Lucas acentúa la prontitud de María en atender las exigencias de la Palabra de Dios. El ángel le habló de que María estaba embarazada e, inmediatamente, María se levanta para verificar lo que el ángel le había anunciado, y sale de casa para ir a ayudar a una persona necesitada. De Nazaret hasta las montañas de Judá son ¡más de 100 kilómetros! No había bus ni tren.
• Lucas 1,41-44: Saludo de Isabel. Isabel representa el Antiguo Testamento que termina. María, el Nuevo que empieza. El Antiguo Testamento acoge el Nuevo con gratitud y confianza, reconociendo en él el don gratuito de Dios que viene a realizar y completar toda la expectativa de la gente. En el encuentro de las dos mujeres se manifiesta el don del Espíritu que hace saltar al niño en el seno de Isabel. La Buena Nueva de Dios revela su presencia en una de las cosas más comunes de la vida humana: dos mujeres de casa visitándose para ayudarse. Visita, alegría, embarazo, niños, ayuda mutua, casa, familia: es aquí donde Lucas quiere que las comunidades (y nosotros todos) perciban y descubran la presencia del Reino. Las palabras de Isabel, hasta hoy, forman parte del salmo más conocido y más rezado en todo el mundo, que es el Ave María.
• Lucas 1,45: El elogio que Isabel hace a María. "Feliz la que ha creído que se cumplieran las cosas que le fueron dicha de parte del Señor". Es el recado de Lucas a las Comunidades: creer en la Palabra de Dios, pues tiene la fuerza de realizar aquello que ella nos dice. Es Palabra creadora. Engendra vida en el seno de una virgen, en el seno del pueblo pobre y abandonado que la acoge con fe.
• Lucas 1,46-56: El cántico de María. Muy probablemente, este cántico, ya era conocido y cantado en las Comunidades. Enseña cómo se debe cantar y rezar. Lucas 1,46-50: María empieza proclamando la mutación que ha acontecido en su propia vida bajo la mirada amorosa de Dios, lleno de misericordia. Por esto canta feliz: "Exulto de alegría en Dios, mi Salvador". Lucas 1,51-53: En seguida después, canta la fidelidad de Dios para con su pueblo y proclama el cambio que el brazo de Yavé estaba realizando a favor de los pobres y de los hambrientos. La expresión “brazo de Dios” recuerda la liberación del Éxodo. Esta es la fuerza salvadora de Dios que hace acontecer la mutación: dispersa a los orgullosos (1,51), destrona a los poderosos y eleva a los humildes (1,52), manda a los ricos con las manos vacías y llena de bienes a los hambrientos (1,53). Lucas 1,54-55: Al final recuerda que todo esto es expresión de la misericordia de Dios para con su pueblo y expresión de su fidelidad a las promesas hechas a Abrahán. La Buena Nueva viene no como recompensa por la observancia de la Ley, sino como expresión de la bondad y de la fidelidad de Dios a las promesas. Es lo que Pablo enseñaba en las cartas a los Gálatas y a los Romanos.
El segundo libro de Samuel cuenta la historia del Arca de la Alianza. David quiso colocarla en su casa, pero tuvo miedo y dijo: "¿Cómo voy a llevar a mi casa el Arca de Yavé?" (2 Sam 6,9) David mandó que el Arca fuera para la casa de Obed-Edom. "Y el Arca permaneció tres meses en casa de Obed-Edom, y Yavé bendijo a Obed-Edom y a toda su familia" (2 Sam 6,11). María, embarazada de Jesús, escomo el Arca de la Alianza que, en el Antiguo Testamento, visitaba las casas de las personas distribuyendo beneficios a las casas y a las personas. Va hacia la casa de Isabel y se queda allí tres meses. En cuanto entra en casa de Isabel, ella y toda la familia es bendecida por Dios. La comunidad debe ser como la Nueva Arca de la Alianza. Al visitar las casas de las personas tiene que traer beneficios y gracias de Dios para la gente.
4) Para la reflexión personal
• ¿Qué nos impide descubrir y vivir la alegría de la presencia de Dios en nuestra vida?
• ¿Dónde y cómo la alegría de la presencia de Dios está aconteciendo hoy en mi vida y en la vida de la comunidad?
5) Oración final
Bendice, alma mía, a Yahvé,
el fondo de mi ser, a su santo nombre.
Bendice, alma mía, a Yahvé,
nunca olvides sus beneficios. (Sal 103,1-2
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Lectio:
Thursday, May 31, 2012
1) Opening prayer
Lord our God, loving Father,
Mary went with haste to visit
her cousin Elizabeth in her hour of need.
May we too rejoice in the Lord
when we can hurry to see people
to bring them the Lord
as we to share in their needs and their joys.
With Mary, may we become
a blessing to them.
We ask this through Christ our Lord.
2) Gospel Reading - Luke 1,39-56Mary set out at that time and went as quickly as she could into the hill country to a town in Judah. She went into Zechariah's house and greeted Elizabeth.
Now it happened that as soon as Elizabeth heard Mary's greeting, the child leapt in her womb and Elizabeth was filled with the Holy Spirit. She gave a loud cry and said, 'Of all women you are the most blessed, and blessed is the fruit of your womb. Why should I be honoured with a visit from the mother of my Lord? Look, the moment your greeting reached my ears, the child in my womb leapt for joy. Yes, blessed is she who believed that the promise made her by the Lord would be fulfilled.'
And Mary said: My soul proclaims the greatness of the Lord
and my spirit rejoices in God my Saviour;
because he has looked upon the humiliation of his servant. Yes, from now onwards all generations will call me blessed,
for the Almighty has done great things for me. Holy is his name,
and his faithful love extends age after age to those who fear him.
He has used the power of his arm, he has routed the arrogant of heart.
He has pulled down princes from their thrones and raised high the lowly.
He has filled the starving with good things, sent the rich away empty.
He has come to the help of Israel his servant, mindful of his faithful love
-according to the promise he made to our ancestors -- of his mercy to Abraham and to his descendants for ever.
Mary stayed with her some three months and then went home.
3) Reflection
• Today is the Feast of the Visitation of the Virgin, and the Gospel narrates the visit of Mary to her cousin Elizabeth. When Luke speaks of Mary, he thinks of the communities of his time which lived dispersed in the cities of the Roman Empire and offers to them, Mary as a model of how they should relate to the Word of God. Once, hearing Jesus speak about God, a woman in the crowd exclaimed: “Blessed the womb that bore you and the breasts that fed you”, praising the mother of Jesus. Immediately Jesus answered: “More blessed still are those who hear the word of God and keep it!” (Lk 11, 27-28). Mary is the model of the faithful community which knows how to live and practice the Word of God. In describing the visit of Mary to Elizabeth, he teaches how the communities should act in order to transform the visit of God into service of the brother and sisters.
• The episode of the visit of Mary to Elizabeth also shows another typical aspect of Luke. All the words and the attitudes, especially the Canticle of Mary, form a great celebration of praise. It seems to be a description of a solemn Liturgy. Thus, Luke evokes the liturgical and celebrative environment, in which Jesus was formed and in which the communities should live their own faith.
• Luke 1, 39-40: Mary goes to visit her cousin Elizabeth. Luke stresses the haste with which Mary responds to the demands of the Word of God. The Angel spoke to her about the pregnancy of Elizabeth and Mary, immediately, rises in order to verify what the Angel had announced, she goes out of the house to help a person in need. From Nazareth to the mountain of Judah there are about 100 kilometres! There were no buses or trains!
• Luke 1, 41-44: The greeting of Elizabeth. Elizabeth represents the Old Testament which ends. Mary, the New One which is beginning. The Old Testament welcomes, accepts the New One with gratitude and trust, recognizing in it the gratuitous gift of God which comes to realize and to complete whatever expectation people had. In the encounter of the two women, is manifested the gift of the Spirit which makes the child jump with joy in Elizabeth’s womb. The Good News of God reveals his presence in one of the most common things of human life: two housewives who exchange the visit to help one another. A visit, joy, pregnancy, children, reciprocal help, house, family: Luke wants to make the communities (and all of us) understand and discover the presence of the Kingdom. The words of Elizabeth, up until now, form part of the best known and most recited Psalm in the world, which is the Hail Mary.
• Luke 1, 45: The praise which Elizabeth makes of Mary. “Blessed is she who believed that the promise made by the Lord would be fulfilled”. This is Luke’s advice to the communities: to believe in the Word of God, because it has the force to realize what it says. It is a creative Word. It generates a new life in the womb of a virgin, in the womb of the poor and abandoned people who accept it with faith.
• Luke 1, 46-56: The canticle of Mary. Most probably, this canticle was already known and sung in the Communities. It teaches how it should be prayed and sung. Luke 1, 46-56: Mary begins proclaiming the change which has come about in her life under the loving look of God, full of mercy. This is why she sings joyfully: “My spirit rejoices in God, my Saviour”. Luke 1, 51-53: she sings the fidelity of God toward his people and proclaims the change which the arm of Yahweh is bringing about in behalf of the poor and the hungry. The expression “arm of God” recalls the liberation of the Exodus. It is this saving force of God which gives life to the change: he has routed the arrogant of heart (1, 51), he has pulled down princes from their thrones and raised high the lowly (1, 52), he has sent the rich away empty, and has filled the starving with good things (1, 53). Luke 1, 54-55: at the end, she recalls that all that is the expression of God’s mercy toward his people and an expression of his fidelity to the promises made to Abraham. The Good News is not a response to the observance of the Law, but the expression of the goodness and the fidelity of God to the promises made. That is what Paul taught in the letters to the Galatians and to the Romans.
The second Book of Samuel tells the story of the Ark of the Covenant. David wants to put in his own house, but he is frightened and says: “How can the Ark of Yahweh come to be with me?” (2 S 6, 9). Then David ordered that the Ark be placed in the house of Obed-Edom. And the Ark of Yahweh remained three months in the house of Obed-Edom, and the Lord blessed Obed-Edom and his whole family” (2 S 6, 11). Mary, waiting for Jesus, is like the Ark of the Covenant which, in the Old Testament, visited the houses of the persons granting benefits. She goes to Elizabeth’s house and remained there three months. And while she is in Elizabeth’s house, the whole family is blessed by God. The community should be like the New Ark of the Covenant. Visiting the house of the persons, it should take benefits and the grace of God to the people.
4) Personal questions
• What prevents us from discovering and living the joy of God’s presence in our life?
• Where and how does the joy of the presence of God take place today in my life and in that of the community?
5) Concluding Prayer
Bless Yahweh, my soul, from the depths of my being,
his holy name;
bless Yahweh, my soul,
never forget all his acts of kindness. (Ps 103,1-2
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Lectio:
Giovedì, 31 Maggio, 2012
1) Preghiera
Dio onnipotente ed eterno, che nel tuo disegno di amore
hai ispirato alla beata Vergine Maria,
che portava in grembo il tuo Figlio, di visitare sant'Elisabetta,
concedi a noi di essere docili all'azione del tuo Spirito,
per magnificare con Maria il tuo santo nome.
Per il nostro Signore Gesù...
2) Lettura del Vangelo
Dal Vangelo secondo Luca 1,39-56
In quei giorni, Maria si mise in viaggio verso la montagna e raggiunse in fretta una città di Giuda. Entrata nella casa di Zaccaria, salutò Elisabetta.
Appena Elisabetta ebbe udito il saluto di Maria, il bambino le sussultò nel grembo. Elisabetta fu piena di Spirito Santo ed esclamò a gran voce: “Benedetta tu fra le donne, e benedetto il frutto del tuo grembo! A che debbo che la madre del mio Signore venga a me? Ecco, appena la voce del tuo saluto è giunta ai miei orecchi, il bambino ha esultato di gioia nel mio grembo. E beata colei che ha creduto nell’adempimento delle parole del Signore”.
Allora Maria disse:
“L’anima mia magnifica il Signore
e il mio spirito esulta in Dio, mio salvatore,
perché ha guardato l’umiltà della sua serva.
D’ora in poi tutte le generazioni mi chiameranno beata.
Grandi cose ha fatto in me l’Onnipotente
e Santo è il suo nome:
di generazione in generazione la sua misericordia
si stende su quelli che lo temono.
Ha spiegato la potenza del suo braccio,
ha disperso i superbi nei pensieri del loro cuore;
ha rovesciato i potenti dai troni,
ha innalzato gli umili;
ha ricolmato di beni gli affamati,
ha rimandato a mani vuote i ricchi.
Ha soccorso Israele, suo servo,
ricordandosi della sua misericordia,
come aveva promesso ai nostri padri,
ad Abramo e alla sua discendenza,
per sempre”.
Maria rimase con lei circa tre mesi, poi tornò a casa sua.
3) Riflessione
• Oggi è la festa della visitazione della Vergine, e il vangelo narra la visita di Maria a sua cugina Elisabetta. Quando Luca parla di Maria, pensa alle comunità del suo tempo che vivevano sparse nelle città dell’Impero Romano ed offre loro in Maria un modello di come devono rapportarsi alla Parola di Dio. Una volta, udendo Gesù parlare di Dio, una donna del popolo esclamò: "Beato il ventre che ti ha portato e il seno da cui hai preso il latte” elogiando la madre di Gesù. Immediatamente, Gesù rispose: "Beati piuttosto coloro che ascoltano la parola di Dio e la osservano" (Lc 11,27-28). Maria è il modello della comunità fedele che sa vivere e praticare la Parola di Dio. Nel descrivere la visita di Maria a Elisabetta, lui insegna come devono agire le comunità per trasformare la visita di Dio in servizio ai fratelli e alle sorelle.
• L’episodio della visita di Maria ad Elisabetta mostra ancora un altro aspetto tipico di Luca. Tutte le parole e gli atteggiamenti, soprattutto il cantico di Maria, formano una grande celebrazione di lode. Sembra una descrizione di una liturgia solenne. Così, Luca, evoca l’ambiente liturgico e celebrativo, in cui Gesù si formò ed in cui le comunità devono vivere la propria fede.
• Luca 1,39-40: Maria va a visitare sua cugina Elisabetta. Luca mette l’accento sulla prontezza di Maria nel rispondere alle esigenze della Parola di Dio. L’angelo le parlò della gravidanza di Elisabetta e Maria, immediatamente, si alza per verificare ciò che l’angelo le aveva annunciato, ed esce di casa per aiutare una persona nel bisogno. Da Nazaret fino alle montagne di Giuda ci sono più di 100 km! Non c’erano pullman, né treni!
Luca 1,41-44: Il saluto di Elisabetta. Elisabetta rappresenta l’Antico Testamento che termina. Maria, il Nuovo che inizia. L’Antico Testamento accoglie il Nuovo con gratitudine e fiducia, riconoscendo in esso il dono gratuito di Dio che viene a realizzare e completare qualsiasi aspettativa della gente. Nell’incontro delle due donne si manifesta il dono dello Spirito che fa che la creatura salti di gioia nel seno di Elisabetta. La Buona Novella di Dio rivela la sua presenza in una delle cose più comuni della vita umana: due donne di casa che si scambiano la visita per aiutarsi. Visita, gioia, gravidanza, bambini, aiuto reciproco, casa, famiglia: Luca vuol far capire e far scoprire alle comunità (e a noi tutti) la presenza del Regno. Le parole di Elisabetta, fino ad oggi, fanno parte del salmo più conosciuto e più recitato in tutto il mondo, che è l’Ave Maria.
• Luca 1,45: L’elogio che Elisabetta fa a Maria. "Beata colei che ha creduto, nell’adempimento delle parole del Signore". E’ l’avviso di Luca alle Comunità: credere nella Parola di Dio, poiché ha la forza di realizzare ciò che ci dice. E’ Parola creatrice. Genera una nuova vita nel seno di una vergine, nel seno della gente povera ed abbandonata che l’accoglie con fede.
• Luca 1,46-56: Il cantico di Maria. Molto probabilmente, questo cantico, era già conosciuto e cantato nelle comunità. Lei insegna come deve essere pregato e cantato. Luca 1,46-50: Maria inizia proclamando il cambiamento avvenuto nella sua vita sotto lo sguardo amorevole di Dio, pieno di misericordia. Per questo, canta felice: "Esulto di gioia in Dio, mio Salvatore”. Luca 1,51-53: canta la fedeltà di Dio verso il suo popolo e proclama il mutamento che il braccio di Yavé sta producendo a favore dei poveri e degli affamati. L’espressione "braccio di Dio" ricorda la liberazione dell’Esodo. E’ questa forza salvatrice di Dio ciò che dà vita al mutamento: disperde gli orgogliosi (1,51), rovescia dai troni i potenti ed innalza gli umili (1,52), rimanda a mani vuote i ricchi e ricolma di beni gli affamati (1,53). Luca 1,54-55: Alla fine, lei ricorda che tutto ciò è espressione della misericordia di Dio verso il suo popolo ed espressione della sua fedeltà alle promesse fatte a Abramo. La Buona Novella non è una risposta all’osservanza della Legge, ma espressione della bontà e della fedeltà di Dio alle promesse fatte. E’ ciò che Paolo insegnava nelle lettere ai Galati e ai Romani.
Il secondo libro di Samuele racconta la storia dell’Arca dell’Alleanza. Davide volle metterla a casa sua, ma si impaurì e disse: "Come potrà venire da me l’Arca del Signore?" (2 Sam 6,9) Davide ordinò così che l’Arca fosse messa nella casa di Obed-Edom. "E l’Arca del Signore rimase tre mesi in casa de Obed-Edom, e il Signore benedisse Obed-Edom e tutta la casa" (2 Sam 6,11). Maria, in attesa di Gesù, è come l’Arca dell’Alleanza che, nell’Antico Testamento, visitava le case delle persone portando benefici. Lei si reca a casa di Elisabetta e vi rimane tre mesi. E mentre si trova in casa di Elisabetta, tutta la famiglia è benedetta da Dio. La comunità deve essere come la Nuova Arca dell’Alleanza. Visitando la casa delle persone, deve portare benefici e la grazia di Dio alla gente.
4) Per un confronto personale
• Cosa ci impedisce di scoprire e di vivere la gioia della presenza di Dio nella nostra vita?
• Dove e come la gioia della presenza di Dio avviene oggi nella mia vita e in quella della comunità?
5) Preghiera finale
Benedici il Signore, anima mia,
quanto è in me benedica il suo santo nome.
Benedici il Signore, anima mia,
non dimenticare tanti suoi benefici. (Sal 102

sábado, 26 de mayo de 2012

que es Pentecostes .......

¿Qué es Pentecostés?
Una festividad cristiana que data del siglo primero y estaba muy estrechamente relacionada con la Pascua
¿Qué es Pentecostés?
¿Qué es Pentecostés?
Originalmente se denominaba “fiesta de las semanas” y tenía lugar siete semanas después de la fiesta de los primeros frutos (Lv 23 15-21; Dt 169). Siete semanas son cincuenta días; de ahí el nombre de Pentecostés (= cincuenta) que recibió más tarde. Según Ex 34 22 se celebraba al término de la cosecha de la cebada y antes de comenzar la del trigo; era una fiesta movible pues dependía de cuándo llegaba cada año la cosecha a su sazón, pero tendría lugar casi siempre durante el mes judío de Siván, equivalente a nuestro Mayo/Junio. En su origen tenía un sentido fundamental de acción de gracias por la cosecha recogida, pero pronto se le añadió un sentido histórico: se celebraba en esta fiesta el hecho de la alianza y el don de la ley.

En el marco de esta fiesta judía, el libro de los Hechos coloca la efusión del Espíritu Santo sobre los apóstoles (Hch 2 1.4). A partir de este acontecimiento, Pentecostés se convierte también en fiesta cristiana de primera categoría (Hch 20 16; 1 Cor 168).
PENTECOSTÉS, algo más que la venida del espíritu...
La fiesta de Pentecostés es uno de los Domingos más importantes del año, después de la Pascua. En el Antiguo Testamento era la fiesta de la cosecha y, posteriormente, los israelitas, la unieron a la Alianza en el Monte Sinaí, cincuenta días después de la salida de Egipto.
Aunque durante mucho tiempo, debido a su importancia, esta fiesta fue llamada por el pueblo segunda Pascua, la liturgia actual de la Iglesia, si bien la mantiene como máxima solemnidad después de la festividad de Pascua, no pretende hacer un paralelo entre ambas, muy por el contrario, busca formar una unidad en donde se destaque Pentecostés como la conclusión de la cincuentena pascual. Vale decir como una fiesta de plenitud y no de inicio. Por lo tanto no podemos desvincularla de la Madre de todas las fiestas que es la Pascua.

En este sentido, Pentecostés, no es una fiesta autónoma y no puede quedar sólo como la fiesta en honor al Espíritu Santo. Aunque lamentablemente, hoy en día, son muchísimos los fieles que aún tienen esta visión parcial, lo que lleva a empobrecer su contenido.
Hay que insistir que, la fiesta de Pentecostés, es el segundo domingo más importante del año litúrgico en donde los cristianos tenemos la oportunidad de vivir intensamente la relación existente entre la Resurrección de Cristo, su Ascensión y la venida del Espíritu Santo.

Es bueno tener presente, entonces, que todo el tiempo de Pascua es, también, tiempo del Espíritu Santo, Espíritu que es fruto de la Pascua, que estuvo en el nacimiento de la Iglesia y que, además, siempre estará presente entre nosotros, inspirando nuestra vida, renovando nuestro interior e impulsándonos a ser testigos en medio de la realidad que nos corresponde vivir.
Culminar con una vigilia:
Entre las muchas actividades que se preparan para esta fiesta, se encuentran, las ya tradicionales, Vigilias de Pentecostés que, bien pensadas y lo suficientemente preparadas, pueden ser experiencias profundas y significativas para quienes participan en ellas.
Una vigilia, que significa “Noche en vela” porque se desarrolla de noche, es un acto litúrgico, una importante celebración de un grupo o una comunidad que vigila y reflexiona en oración mientras la población duerme. Se trata de estar despiertos durante la noche a la espera de la luz del día de una fiesta importante, en este caso Pentecostés. En ella se comparten, a la luz de la Palabra de Dios, experiencias, testimonios y vivencias. Todo en un ambiente de acogida y respeto.
Es importante tener presente que la lectura de la Sagrada Escritura, las oraciones, los cantos, los gestos, los símbolos, la luz, las imágenes, los colores, la celebración de la Eucaristía y la participación de la asamblea son elementos claves de una Vigilia.
En el caso de Pentecostés centramos la atención en el Espíritu Santo prometido por Jesús en reiteradas ocasiones y, ésta vigilia, puede llegar a ser muy atrayente, especialmente para los jóvenes, precisamente por el clima de oración, de alegría y fiesta.
Algo que nunca debiera estar ausente en una Vigilia de Pentecostés son los dones y los frutos del Espíritu Santo. A través de diversas formas y distintos recursos (lenguas de fuego, palomas, carteles, voces grabadas, tarjetas, pegatinas, etc.) debemos destacarlos y hacer que la gente los tenga presente, los asimile y los haga vida.
No sacamos nada con mencionarlos sólo para esta fiesta, o escribirlos en hermosas tarjetas, o en lenguas de fuego hechas en cartulinas fosforescentes, si no reconocemos que nuestro actuar diario está bajo la acción del Espíritu y de los frutos que vayamos produciendo.
Invoquemos, una vez más, al Espíritu Santo para que nos regale sus luces y su fuerza y, sobre todo, nos haga fieles testigos de Jesucristo, nuestro Señor.
Notas:
KELNEER, Heortology (St. Louis, 1908); HAMPSON, Medii viæ kalendarium, I (London, 1841) 280 sqq.; BRAND-ELLIS, Popular Antiquities, I (London, 1813), 26 sqq.; NILLES, Kalendarium Manuale, II (Innsbruck, 1897), 370 sqq.

F. G. Holweck
Transcrito por Stuart French, hijo.
Dedicado a Brenda Eileen Metcalfe French
Traducido por Giovanni E. Reyes

The Catholic Encyclopedia, Volume I
Copyright © 1907 by Robert Appleton Company
Online Edition Copyright © 1999 by Kevin Knight
La Enciclopedia Católica Copyright © ACI-PRENSA
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Origen de la fiestaLos judíos celebraban una fiesta para dar gracias por las cosechas, 50 días después de la pascua. De ahí viene el nombre de Pentecostés. Luego, el sentido de la celebración cambió por el dar gracias por la Ley entregada a Moisés.

En esta fiesta recordaban el día en que Moisés subió al Monte Sinaí y recibió las tablas de la Ley y le enseñó al pueblo de Israel lo que Dios quería de ellos. Celebraban así, la alianza del Antiguo Testamento que el pueblo estableció con Dios: ellos se comprometieron a vivir según sus mandamientos y Dios se comprometió a estar con ellos siempre.

La gente venía de muchos lugares al Templo de Jerusalén, a celebrar la fiesta de Pentecostés.
En el marco de esta fiesta judía es donde surge nuestra fiesta cristiana de Pentecostés.
La Promesa del Espíritu Santo
Durante la Última Cena, Jesús les promete a sus apóstoles: “Mi Padre os dará otro Abogado, que estará con vosotros para siempre: el espíritu de Verdad” (San Juan 14, 16-17).
Más adelante les dice: “Les he dicho estas cosas mientras estoy con ustedes; pero el Abogado, El Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, ése les enseñará todo y traerá a la memoria todo lo que yo les he dicho.” (San Juan 14, 25-26).
Al terminar la cena, les vuelve a hacer la misma promesa: “Les conviene que yo me vaya, pues al irme vendrá el Abogado,... muchas cosas tengo todavía que decirles, pero no se las diré ahora. Cuando venga Aquél, el Espíritu de Verdad, os guiará hasta la verdad completa,... y os comunicará las cosas que están por venir” (San Juan 16, 7-14).
En el calendario del Año Litúrgico, después de la fiesta de la Ascensión, a los cincuenta días de la Resurrección de Jesús, celebramos la fiesta de Pentecostés.
Explicación de la fiesta:

Después de la Ascensión de Jesús, se encontraban reunidos los apóstoles con la Madre de Jesús. Era el día de la fiesta de Pentecostés. Tenían miedo de salir a predicar. Repentinamente, se escuchó un fuerte viento y pequeñas lenguas de fuego se posaron sobre cada uno de ellos.
Quedaron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas desconocidas.
En esos días, había muchos extranjeros y visitantes en Jerusalén, que venían de todas partes del mundo a celebrar la fiesta de Pentecostés judía. Cada uno oía hablar a los apóstoles en su propio idioma y entendían a la perfección lo que ellos hablaban.
Todos ellos, desde ese día, ya no tuvieron miedo y salieron a predicar a todo el mundo las enseñanzas de Jesús. El Espíritu Santo les dio fuerzas para la gran misión que tenían que cumplir: Llevar la palabra de Jesús a todas las naciones, y bautizar a todos los hombres en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Es este día cuando comenzó a existir la Iglesia como tal.
¿Quién es el Espírtu Santo?
El Espíritu Santo es Dios, es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia nos enseña que el Espíritu Santo es el amor que existe entre el Padre y el Hijo. Este amor es tan grande y tan perfecto que forma una tercera persona. El Espíritu Santo llena nuestras almas en el Bautismo y después, de manera perfecta, en la Confirmación. Con el amor divino de Dios dentro de nosotros, somos capaces de amar a Dios y al prójimo. El Espíritu Santo nos ayuda a cumplir nuestro compromiso de vida con Jesús.
Señales del Espíritu Santo:
El viento, el fuego, la paloma.
Estos símbolos nos revelan los poderes que el Espíritu Santo nos da: El viento es una fuerza invisible pero real. Así es el Espíritu Santo. El fuego es un elemento que limpia. Por ejemplo, se prende fuego al terreno para quitarle las malas hierbas y poder sembrar buenas semillas. En los laboratorios médicos para purificar a los instrumentos se les prende fuego.

El Espíritu Santo es una fuerza invisible y poderosa que habita en nosotros y nos purifica de nuestro egoísmo para dejar paso al amor.
Nombres del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo ha recibido varios nombres a lo largo del nuevo Testamento: el Espíritu de verdad, el Abogado, el Paráclito, el Consolador, el Santificador.
Misión del Espíritu Santo:

  • El Espíritu Santo es santificador: Para que el Espíritu Santo logre cumplir con su función, necesitamos entregarnos totalmente a Él y dejarnos conducir dócilmente por sus inspiraciones para que pueda perfeccionarnos y crecer todos los días en la santidad.

  • El Espíritu Santo mora en nosotros: En San Juan 14, 16, encontramos la siguiente frase: “Yo rogaré al Padre y les dará otro abogado que estará con ustedes para siempre”. También, en I Corintios 3. 16 dice: “¿No saben que son templo de Dios y que el Espíritu Santo habita en ustedes?”. Es por esta razón que debemos respetar nuestro cuerpo y nuestra alma. Está en nosotros para obrar porque es “dador de vida” y es el amor. Esta aceptación está condicionada a nuestra aceptación y libre colaboración. Si nos entregamos a su acción amorosa y santificadora, hará maravillas en nosotros.

  • El Espíritu Santo ora en nosotros: Necesitamos de un gran silencio interior y de una profunda pobreza espiritual para pedir que ore en nosotros el Espíritu Santo. Dejar que Dios ore en nosotros siendo dóciles al Espíritu. Dios interviene para bien de los que le aman.

  • El Espíritu Santo nos lleva a la verdad plena, nos fortalece para que podamos ser testigos del Señor, nos muestra la maravillosa riqueza del mensaje cristiano, nos llena de amor, de paz, de gozo, de fe y de creciente esperanza.
    El Espíritu Santo y la Iglesia:
    Desde la fundación de la Iglesia el día de Pentecostés, el Espíritu Santo es quien la construye, anima y santifica, le da vida y unidad y la enriquece con sus dones.
    El Espíritu Santo sigue trabajando en la Iglesia de muchas maneras distintas, inspirando, motivando e impulsando a los cristianos, en forma individual o como Iglesia entera, al proclamar la Buena Nueva de Jesús.
    Por ejemplo, puede inspirar al Papa a dar un mensaje importante a la humanidad; inspirar al obispo de una diócesis para promover un apostolado; etc.
    El Espíritu Santo asiste especialmente al representante de Cristo en la Tierra, el Papa, para que guíe rectamente a la Iglesia y cumpla su labor de pastor del rebaño de Jesucristo.
    El Espíritu Santo construye, santifica y da vida y unidad a la Iglesia.
    El Espíritu Santo tiene el poder de animarnos y santificarnos y lograr en nosotros actos que, por nosotros, no realizaríamos. Esto lo hace a través de sus siete dones.
    Los siete dones del Espíritu Santo:
    Estos dones son regalos de Dios y sólo con nuestro esfuerzo no podemos hacer que crezcan o se desarrollen. Necesitan de la acción directa del Espíritu Santo para poder actuar con ellos.

  • SABIDURÍA: Nos permite entender, experimentar y saborear las cosas divinas, para poder juzgarlas rectamente.

  • ENTENDIMIENTO: Por él, nuestra inteligencia se hace apta para entender intuitivamente las verdades reveladas y las naturales de acuerdo al fin sobrenatural que tienen. Nos ayuda a entender el por qué de las cosas que nos manda Dios.

  • CIENCIA: Hace capaz a nuestra inteligencia de juzgar rectamente las cosas creadas de acuerdo con su fin sobrenatural. Nos ayuda a pensar bien y a entender con fe las cosas del mundo.

  • CONSEJO: Permite que el alma intuya rectamente lo que debe de hacer en una circunstancia determinada. Nos ayuda a ser buenos consejeros de los demás, guiándolos por el camino del bien.

  • FORTALEZA: Fortalece al alma para practicar toda clase de virtudes heroicas con invencible confianza en superar los mayores peligros o dificultades que puedan surgir. Nos ayuda a no caer en las tentaciones que nos ponga el demonio.

  • PIEDAD: Es un regalo que le da Dios al alma para ayudarle a amar a Dios como Padre y a los hombres como hermanos, ayudándolos y respetándolos.

  • TEMOR DE DIOS: Le da al alma la docilidad para apartarse del pecado por temor a disgustar a Dios que es su supremo bien. Nos ayuda a respetar a Dios, a darle su lugar como la persona más importante y buena del mundo, a nunca decir nada contra Él.
    Oración al Espíritu Santo
    Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor; envía Señor tu Espíritu Creador y se renovará la faz de la tierra.
    OH Dios, que quisiste ilustrar los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos que, guiados por este mismo Espíritu, obremos rectamente y gocemos de tu consuelo.
    Por Jesucristo, nuestro Señor
    Amén    .Fuente: Catholic.net
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    La gloria de la Trinidad en Pentecostés
    El Pentecostés cristiano, celebración de la efusión del Espíritu Santo, presenta varios aspectos en los escritos neotestamentarios.
    La gloria de la Trinidad en Pentecostés
    La gloria de la Trinidad en Pentecostés

    equesis del Papa Juan Pablo II
    durante la Audiencia General
    del Miércoles 31 de mayo de 2000


    1. El Pentecostés cristiano, celebración de la efusión del Espíritu Santo, presenta varios aspectos en los escritos neotestamentarios. Comenzaremos con el que nos delinea el pasaje de los Hechos de los Apóstoles que acabamos de escuchar. Es el más inmediato en la mente de todos, en la historia del arte e incluso en la liturgia.

    San Lucas, en su segunda obra, sitúa el don del Espíritu dentro de una teofanía, es decir, de una revelación divina solemne, que en sus símbolos remite a la experiencia de Israel en el Sinaí (cf. Ex 19). El fragor, el viento impetuoso, el fuego que evoca el fulgor, exaltan la trascendencia divina. En realidad, es el Padre quien da el Espíritu a través de la intervención de Cristo glorificado. Lo dice san Pedro en su discurso: "Jesús, exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo prometido y lo ha derramado, como vosotros veis y oís" (Hch 2, 33). En Pentecostés, como enseña el Catecismo de la Iglesia católica, el Espíritu Santo "se manifiesta, da y comunica como Persona divina (...). En este día se revela plenamente la santísima Trinidad" (nn. 731-732).

    2. En efecto, toda la Trinidad está implicada en la irrupción del Espíritu Santo, derramado sobre la primera comunidad y sobre la Iglesia de todos los tiempos como sello de la nueva Alianza anunciada por los profetas (cf. Jr 31, 31-34; Ez 36, 24-27), como confirmación del testimonio y como fuente de unidad en la pluralidad. Con la fuerza del Espíritu Santo, los Apóstoles anuncian al Resucitado, y todos los creyentes, en la diversidad de sus lenguas y, por tanto, de sus culturas y vicisitudes históricas, profesan la única fe en el Señor, "anunciando las maravillas de Dios" (Hch 2, 11).

    Es significativo constatar que un comentario judío al Éxodo, refiriéndose al capítulo 10 del Génesis, en el que se traza un mapa de las setenta naciones que, según se creía, constituían la humanidad entera, las remite al Sinaí para escuchar la palabra de Dios: "En el Sinaí la voz del Señor se dividió en setenta lenguas, para que todas las naciones pudieran comprender" (Éxodo Rabba", 5, 9). Así, también en el Pentecostés que relata san Lucas, la palabra de Dios, mediante los Apóstoles, se dirige a la humanidad para anunciar a todas las naciones, en su diversidad, "las maravillas de Dios" (Hch 2, 11).

    3. Sin embargo, en el Nuevo Testamento hay otro relato que podríamos llamar el Pentecostés de san Juan. En efecto, en el cuarto evangelio la efusión del Espíritu Santo se sitúa en la tarde misma de Pascua y se halla íntimamente vinculada a la Resurrección. Se lee en san Juan: "Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con vosotros". Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: "La paz esté con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío". Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos"" (Jn 20, 19-23).

    También en este relato de san Juan resplandece la gloria de la Trinidad: de Cristo resucitado, que se manifiesta en su cuerpo glorioso; del Padre, que está en la fuente de la misión apostólica; y del Espíritu Santo, derramado como don de paz. Así se cumple la promesa hecha por Cristo, dentro de esas mismas paredes, en los discursos de despedida a los discípulos: "El Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho" (Jn 14, 26). La presencia del Espíritu en la Iglesia está destinada al perdón de los pecados, al recuerdo y a la realización del Evangelio en la vida, en la actuación cada vez más profunda de la unidad en el amor.

    El acto simbólico de soplar quiere evocar el acto del Creador que, después de modelar el cuerpo del hombre con polvo del suelo, "insufló en sus narices un aliento de vida" (Gn 2, 7). Cristo resucitado comunica otro soplo de vida, "el Espíritu Santo". La redención es una nueva creación, obra divina en la que la Iglesia está llamada a colaborar mediante el ministerio de la reconciliación.

    4. El apóstol san Pablo no nos ofrece un relato directo de la efusión del Espíritu, pero cita sus frutos con tal intensidad que se podría hablar de un Pentecostés paulino, también presentado en una perspectiva trinitaria. Según dos pasajes paralelos de las cartas a los Gálatas y a los Romanos, el Espíritu es el don del Padre, que nos transforma en hijos adoptivos, haciéndonos partícipes de la vida misma de la familia divina. Por eso afirma san Pablo: "No recibisteis un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien, recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre! El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Y, si somos hijos, también herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo" (Rm 8, 15-17; cf. Ga 4, 6-7).

    Con el Espíritu Santo en el corazón podemos dirigirnos a Dios con el nombre familiar abbá, que Jesús mismo usaba con respecto a su Padre celestial (cf. Mc 14, 36). Como él, debemos caminar según el Espíritu en la libertad interior profunda: "El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí" (Ga 5, 22-23).

    Concluyamos esta contemplación de la Trinidad en Pentecostés con una invocación de la liturgia de Oriente: "Venid, pueblos, adoremos a la Divinidad en tres personas: el Padre, en el Hijo, con el Espíritu Santo. Porque el Padre, desde toda la eternidad, engendra un Hijo coeterno que reina con él, y el Espíritu Santo está en el Padre, es glorificado con el Hijo, potencia única, sustancia única, divinidad única... ¡Gloria a ti, Trinidad santa!" (Vísperas de Pentecostés).
    Tomado de Zenit.org
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    Autor: P. Antonio Rivero LC | Fuente: Catholic.net
    Pentecostés y el Apocalipsis hablan de María
    P. Antonio Rivero. Nos fijaremos en los Hechos de los Apóstoles y en el Apocalipsis, de donde entresacamos notas sobre María.
    María en Pentecostés

    La obra y la acción de María no acaba en el Calvario. ¿Qué les parece si entramos también nosotros al Cenáculo, donde están reunidos los apóstoles con María en espera del E.S.? Los apóstoles formaban la primera Iglesia. Y María era la madre de esa Iglesia . ¿Cómo no iba a estar María ahí?
    Para esto nos servirá el texto de los Hechos 1, 12-14; 2,1: “Todos perseveraban unánimes en la oración con algunas mujeres, con María la madre de Jesús”.
    Ciertamente María no pertenece al grupo de los Apóstoles, pues no ocupa un lugar jerárquico, pero es presencia activa y animadora primera de la oración y la esperanza de la comunidad.
    ¿Qué notas, qué rasgos podemos descubrir en este texto de los hechos de los apóstoles?
    María Madre, alma y aliento de la Iglesia naciente
    La presencia de María en el Cenáculo es solidaridad activa con la comunidad de su Hijo. Ella es la que no mayor anhelo y fuerza implora la venida del Espíritu.
    María era una mujer del espíritu. Su vida está jalonada de intervenciones del E.S. El E.S. fue quien la cubrió con su sombra y obró en ella la Eucaristía del Hijo de Dios. El E.S. santificó a Juan Bautista en el seno de su madre Isabel, y maría e Isabel se llenaron de gozo en el Espíritu. El espíritu revelo al anciano Simeón la misión de su Hijo Jesús y profetizo a María la espada de dolor.
    Por tanto, toda la vida de María se desarrolla en la fuerza del espíritu.
    Al recibir una vez más María al E.S en Pentecostés, recibe la fuerza para cumplir la misión que de ahora en adelante tiene en la historia de la salvación: María Madre de la Iglesia. Todo su amor y todos sus desvelos son ahora para los apóstoles y discípulos de su Hijo, para su Iglesia que es la continuación de la obra de Jesús.
    Ella acompaña la difusión de la Palabra, goza con los avances del Reino, sigue sufriendo con los dolores de la persecución y las dificultades apostólicas.
    María en el Cenáculo es la Reina de los apóstoles y los protegía; el Trono de Sabiduría que les enseñaba a orar y a implorar la venida del Espíritu, era la Causa de la alegría y el Consuelo de los afligidos, y por eso les animaba.
    Pentecostés con la venida del E.S. sobre aquella comunidad cristiana congregada en el Cenáculo marca el comienzo de los hechos de los Apóstoles, el comienzo de la evangelización, de la difusión y propagación de la Iglesia.
    Este crecimiento y expansión eran debidos a la fuerza del Espíritu, que habían recibido los apóstoles, pero María estaba allí presente con su oración y fe. Y lo mismo que participó en la formación de Cristo en Nazareth, participa ahora con su presencia orante en el nacimiento y expansión de la Iglesia y en su misión evangelizadora.
    Por eso, podemos sacar un segundo rasgo de María, aquí en Pentecostés: María mujer evangelizadora desde el primer momento de la Iglesia.
    Es una constante de la historia de la Iglesia María ha estado presente en la evangelización de todos los pueblos en los diversos continentes, como lo muestran las historias de las misiones.
    Por ejemplo en África y en América.
    Los misioneros portugueses, con la fe en Cristo, llevaron a los pueblos de África una tierna devoción a la Virgen María y sembraron las tierras evangelizadoras de nombres de Santa María. El mismo San Francisco Javier, que manejaba en barcos portugueses a lo largo de la costa de África, decía: “He constatado que en vano se predicaba el nombre de Jesús antes de haberles mostrado la imagen de su madre”
    En el campo, el P. Benaventura de Alessamo, superior de los capuchinos que evangelizó en el siglo XVII, solía convocar a los fieles una o dos veces al día en la Iglesia o junto a un árbol. Allí cantaban las letanías y rezaban el rosario, al mismo tiempo que les hablaban de la devoción de la virgen y de su poderosa intercesión ante Dios a favor de los hombres.
    Mucho más fue el influjo de María en la evangelización de América. Los misioneros llevaban siempre consigo una imagen de María. También los soldados solían llevar imágenes o estampas de María que les habían regalado sus madres, hijas o esposas, para que fueran su salvaguardia en los múltiples peligros que les aguardaban.
    Es un hecho comprobable que en todas partes surgieron santuarios célebres de la Virgen, que pronto se convirtieron en lugares de peregrinación y centros de evangelización, de piedad e identidad cristiana. “La América no ha llegado a Jesús sino en brazos de María”. El caso más espectacular ha sido el de México. Después de las apariciones de la Virgen de Guadalupe al indio San Juan Diego, las conversiones se multiplicaron con tanta rapidez que se tenían hasta 15000 bautizos al día. Fray Toribio de Benavente narra en su crónica que a los misioneros se les caían los brazos de cansancio de tanto bautizar.
    Con toda razón, los obispos de Latinoamérica, reunidos en Puebla en 1979, reconocían que la devoción y culto a María pertenece a la identidad propia de estos pueblos, señalando además el influjo que María ha tenido en su evangelización.
    “Ella cuida de que el Evangelio nos penetre, conforme nuestra vida diaria y produzca frutos de santidad. Ella tiene que ser cada vez más la pedagoga del Evangelio en América Latina”
    Lo mismo podemos decir de los grandes santuarios marianos que hoy día se han convertido en los centros más significativos de irradiación de vida cristiana. Fátima y Lourdes, son lugares de encontró con Dios, de conversiones, de catequesis y de evangelización.
    Y todo esto comenzó en Pentecostés.
    María en el Apocalipsis
    Apocalipsis 12, 1 ss
    “Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza, y estaba en cinta y gritaba en su angustia y dolores de parto”.
    ¿Cuál es el contexto?
    Sabemos que el Apocalipsis no en un libro fácil de leer. Recordemos que se escribió alrededor del año 95, cuando la Iglesia afrontaba una dura situación. La sangrienta persecución romana pone a prueba su fe y su entrega.
    San Juan se dirige a la comunidad cristiana para esclarecerle el sentido de los sucesos y animarla en la tribulación. En la persecución está obrando el poder del demonio, quien odia a Cristo y a los cristianos, aquellos que perseveran hasta el final participarán en el triunfo de Cristo. Tal es el mensaje primero e inmediato del libro del Apocalipsis. Pero los acontecimientos de su tiempo sirven a san Juan para ampliar la interpretación de la historia universal: el acontecer de todos los tiempos es una lucha permanente entre el poder de Dios y las fuerzas demoníacas. Esta lucha se resuelve con la victoria incuestionable de Dios, en virtud de la muerte de Cristo.
    Hagamos ahora el análisis de este capítulo 12 del Apocalipsis.
    Esta visión puede dividirse en tres partes.

  • La presentación de los personajes simbólicos: la mujer y la serpiente (1-4)
    La persecución del dragón al Hijo varón de esa mujer, y la victoria de éste (4-12)
    La persecución contra la mujer y el resto de sus hijos (v. 13-17)
    ¿Quién esa mujer vestida de sol con la luna bajo sus pies?
    La mujer está vestida de luz, símbolo de benevolencia de Dios y de la participación en su vida. Sobre su cabeza tiene “una corona de doce estrellas”, imagen igualmente luminosa como las anteriores que simbolizan a las doce tribus de Israel.
    Aparece una segunda señal, el otro personaje: “Una gran serpiente roja, con siete cabezas y diez cuernos”.
    ¿Quién es está serpiente?
    Se trata de la serpiente antigua, clara alusión a la imagen del demonio en el paraíso. Se le llama Diablo y Satanás, el seductor del mundo eterno.
    Las siete cabezas evocan a Roma, ciudad de las siete colonias. Los diez cuernos y las siete diademas son el poder real del imperio.
    Esta señal expresa que el demonio utiliza el poder del imperio Romano en su intento de aniquilar al Hijo de la mujer y a sus seguidores, los cristianos.
    La cola que arrastra la tercera parte de las estrellas alude a la caída de los ángeles malos, arrastrados por Satanás.
    ¿Quién es esta mujer?
    La mujer es susceptible de varias significaciones simultáneas, autorizadas por el pensar simbólico y representativo propio de San Juan.

  • En una primera significación, es el Pueblo de Dios. Simboliza a Israel, pueblo escogido del cual proviene el Mesías - y al nuevo Pueblo - la Iglesia -, sometida a la persecución y a las insidias del demonio.

  • En una segunda significación, es María Santísima. Ambas significaciones - eclesial y mariana - se complementan y enriquecen mutuamente, porque Juan contempla a la Iglesia con los rasgos de María, y a María insertada en el misterio de la Iglesia.

  • Esa mujer dio a luz, ¿a quién? A un Hijo Varón, Cristo, que ha de regir a todas las naciones con cetro de hierro (v.5).

  • Pero también se puede interpretar ese Hijo como a los cristianos: dio a luz a los cristianos, pues la profunda unidad entre Cristo y los cristianos es mensaje permanente en los escritos de Juan.
    La lucha entre la Mujer y la serpiente es fuerte. La serpiente pretende devorar al Hijo, pero este “fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono,” alusión inequívoca a la exaltación de Jesús por su elevación en la cruz, donde derrota al demonio, y por su Ascensión a los cielos. La mujer huye entonces al desierto, lugar preparado por Dios para su protección y refugio. Allí se la alimenta - alusión al maná y a la Eucaristía- durante 1260 días, tiempo alegórico que tipifica la duración de una persecución larga, pero a la vez limitada por la voluntas divina.
    ¿Qué rasgo de María sobresale en este texto del Apocalipsis?
    María vencedora del mal, la que pisa la cabeza de Satanás, la inmaculada, la sin pecado. Y como aría es madre de la Iglesia, la Iglesia también triunfará en esta terrible lucha que durará desde la Pascua hasta la Parusía o Segunda Venida de Cristo.
    Aunque ya se libró en el Calvario la batalla definitiva, las potencias del mal continúan ofreciendo resistencia. El demonio sabe que le queda poco tiempo y ya fue derrotado irremediablemente por Cristo, pero busca vengarse y causar daños a los seguidores de Cristo y apartarlos de Cristo y de la Iglesia.
    Pero no tengamos miedo, María está a nuestro lado, ella, la vencedora. Y con ella vencemos nosotros, vence la Iglesia. El demonio no puede contra María ni contra la Iglesia, que goza de la protección y del alimento de Cristo victorioso. Dios es el vencedor.
    Por eso el cristiano aun en medio de las persecuciones- está llamado a vivir alegre en la esperanza y seguro de la victoria. María está presente en la lucha a nuestro favor. Enemiga perpetua del poder de las tinieblas, participa en las tribulaciones de sus hijos - de nosotros - y es para nosotros señal de victoria.
    La mujer del Apocalipsis es la misma del Calvario y del Paraíso, testimonio de la presencia de María en las entregas decisivas de la historia de la salvación. Y así termina el versículo 12, de este capítulo 12: “Por tanto, regocijaos, oh Cielos y los que en ella moráis”...